Ronald (R): Nos
encontramos con el señor Donald Ríos Obando, uno de los primeros fundadores,
que nos va a conceder una entrevista en el marco del 50 Aniversario de la
Fundación de Nueva Guinea. Cuéntenos en qué fecha vinieron.
Donald Ríos Obando (DRO): La
fecha en que llegamos a la orilla del Río El Zapote, en El Salto, fue el 5 de
marzo de 1965. Nos llevó cinco días de viaje, desde nuestro lugar de origen
hasta llegar a El Zapote.
R: En
el caso de usted, ¿de qué lugar venía?
DRO: Yo
venía de Somoto Grande.
R:
¿Fueron 17 los primeros colonos?
DRO: Los
primeros fuimos 17, incluyendo dos mujeres; veníamos 5 de Somoto Grande y
venían 12 de Carazo, y venían las dos mujeres.
R: Y de
esos 17, ¿cuántos se encuentran con vida en la actualidad?
DRO: De
los primeros 17 vivimos 4.
R:
¿Quiénes son?
DRO: Está
Reynerio Cadena Obando, Nicanor Velázquez, Víctor Ríos Obando y yo, Donald Ríos
Obando; 4 de la primera columna.
R:
¿Cuáles fueron los primeros retos que ustedes enfrentaron a su llegada a Nueva
Guinea?
DRO: El
primer reto fue que, cuando llegamos a esta montaña, realmente desconocíamos
porque veníamos de lugares secos, de lugares que se compraba en cualquier lugar
y venirse a asentar a una montaña donde no encontrábamos, digamos, aquí
abundaba la carne, pero no había el bastimento. Entonces, nosotros aquí, íbamos
a pescar, metíamos el anzuelo y ahí venía el pescado, los guapotitos, las
mojarras, los sábalos; eso era una belleza: tirábamos un pavón, una guatuza, un
jabalí o un chancho de monte. De eso aquí había de sobra, pero el problema que
tuvimos nosotros fue el bastimento, ¿dónde hallar tortilla?
R:
Acostumbrados a tortilla, sin guineos, sin plátanos. Y con frío, con la lluvia,
¿no?
DRO: Eso
fue de las otras condiciones: la lluvia. Aquí, en ese entonces, llovía mínimo,
mínimo, diez meses sin cesar, un agua como la que acaba de pasar hace unos
cuatro días, no un agua ofensiva pero sí permanente. Más el problema de que no
sabíamos dónde hallar comida, porque nosotros decimos “comida” cuando estamos
hablando de arroz, de frijoles, de tortilla; nos hacía falta también aceite,
jabón, sal, azúcar, esas cosas no las teníamos.
R: No
venían con provisiones.
DRO: No
veníamos con suficientes provisiones; los puchitos que traíamos cargando nos
duraron como unos diez o quince días. Después viene el problema. Ahí es cuando
nosotros tenemos una gran decepción: de los primeros 17 se fueron 12; quedamos
7. De Carazo sólo se quedaron 2 y de los de Somoto se fueron, pero no se fueron
de viaje, sino que fueron a traer a su esposa; ese fue el caso de Víctor Ríos y
de don Marquito Alvir que también fue a traer a su esposa. Eso era necesario
porque nosotros aquí teníamos que lavar nuestra ropa, buscar cómo hacer nuestra
comida. La gente de Carazo dijo “bueno, aquí, esto es confites en el Infierno,
nos vamos” y no volvieron. Nosotros desconocíamos que Miguel Torres había hecho
contacto con el doctor Mejía Ubilla, que era Presidente del Instituto Agrario
Nicaragüense y, como esto había nacido con la Alianza para el Progreso, era un
proyecto que desconocíamos. Cuando venimos aquí, venimos realmente a sufrir. Pero
quiero decirte que nosotros aquí, en Nueva Guinea, si vos la ves,
históricamente Nueva Guinea es un kilómetro cuadrado y vas a ver que sus calles
son rectas. Es ahora que los alcaldes la curvearon porque allí esta esa calle
de aquí a los cien metros hay una curva, pero esa la hicieron los trabajadores,
los ingenieros de la Alcaldía, pero aquí esto es recto.
R: Se
delimitó.
DRO: Se
delimitó por cuatro ingenieros. Aquí hay 20 cuadras completitas.
R: Que
son el casco histórico.
DRO: Que
es el casco histórico de Nueva Guinea.
R: La
zona 1, la 2, la 3 y la 4.
DRO:
Correcto, eso es todo. Lo demás nació con los problemas. Esos problemas grandes
que había… En el mes de abril, a finales de abril trajeron más gente, de León,
de Carazo, y vinieron cantidades de gente, pero debido a la lluvia y a la
problemática, no hallaba las condiciones y mucha de esa gente se regresó, pero
se quedó una parte y así pasó todo ese año. Se pasó trayendo gente el Instituto
Agrario. ¿Cuál es la problemática?, estamos hablando del abastecimiento. El
Instituto Agrario mandó camiones cargados con mercadería a dejarlos ahí donde
doña Engracia López Lazo, una señora que acaba de fallecer.
R: ¿En
qué lugar vivía ella?
DRO: En
El Espavel buscando El Rama. Ahí había un lugarcito un kilómetro antes de
llegar al pobladito de El Espavel; ahí nos apeábamos, es decir, veníamos a
salir a El Coral. En ese entonces lo que se hizo fue que se compraron unas
mulas y se buscó a unos muleros, entre esos a Ramiro Luna y al que le decían El
Chon Güateras, ya falleció también. Esos fueron los que se encargaron de traer
las provisiones para acá y de esa forma quedó más gente. El
problema es que había gente que había traído niños y eso sí era grave, porque
un niño aquí, sin leche, sin avena, sin nada, pues. ¡Imagínate! Entonces
después, uno de los problemas más grandes que sufrimos después en Nueva Guinea
fueron las enfermedades diarreicas porque no teníamos la cultura de los
excusados.
R: Las
condiciones higiénicas y sanitarias.
DRO: Sí,
y por otro lado las lluvias. Pues, como te digo, la fundación de Nueva Guinea
fue de
alegría y de sufrimiento, por otro lado. Pero aquí hubo una cosa buenísima:
donde está fundada Nueva Guinea, y donde están la mayoría de sus colonias, eran
tierras nacionales; no venimos a perjudicar a nadie, por eso no tuvimos
problemas.
DRO: Ya
con el PRICA. Cuando te digo de esas comidas que traían ahí, ahí lo que venía
eran productos que daba la Alianza para el Progreso.
R:
¿Cuáles son los tres principales problemas que considera que sufrieron los
primeros pobladores de Nueva Guinea?
DRO: Uno,
la salud, porque no teníamos médicos, no teníamos medicinas; aquí se morían los
niños, se enfermaban y se morían por falta de medicina. El otro problema, y lo
sentíamos como lo sienten los campesinos, era la falta de caminos; nosotros
deseábamos tener una carretera para viajar, porque antes se llevaba uno para
salir tres días, los que caminaban más suave se llevaban más tiempo. Después,
la falta de crédito para desarrollarnos; ese se nos concedió porque se creó un
banco que se llamaba Crédito Supervisado que era parte del Banco Nacional.
Crédito supervisado con el IAN con fondos del BID; te daban dos vacas paridas,
no es que te daban lo que vos pedías, dos vacas, un caballo y cuatro rollos de
alambre. Esas eran nuestras necesidades más sentidas.
R: En
esa época.
DRO: En
esa época. Porque nosotros de alguna manera resolvíamos, digamos con el agua,
para nosotros aquí los ríos, pues.
R:
¿Hacían pozos?
DRO:
Hacíamos pozos, pero en el campo no sientes que el agua que estás tomando tal
vez está contaminada. Con tal de encontrar el agua. Entonces, eso no era tan de
primera necesidad como era el otro problema: pertenecíamos a El Rama, entonces
para asentar que se había muerto un niño, no teníamos dónde. Teníamos que ir a
Rama y nadie iba porque no teníamos plata, hay que ser honesto. La otra
necesidad que nosotros planteamos fue ¿quién nos iba a comprar los productos? A
eso tuvimos respuesta en el año de 1968 porque en cuatro lugares pusieron
silos, el que antes se llamaba INCEI; entonces ahí nos compraban los productos
y ya hubo una respuesta. Pero la carretera la seguimos gestionando y te digo
que gracias a los desastres nacionales que se dieron en Nicaragua tuvimos
carretera.
R:
¿Cómo El Cerro Negro?
DRO: Esa
fue la primera, en 1970, El Cerro Negro. Nosotros teníamos la pista. Entonces
vino el diputado Pancho Papi, vino el Obispo de León y una Delegación. Nosotros
les hicimos una presentación de todos los productos que aquí se cultivaban; se
fueron encantados de ver todo lo que aquí se daba. Había un periódico de Somoza
que se llamaba Novedades y en primera página salió ahí: “Nueva Guinea, la
tierra de la que fluye leche y miel”. Entonces todo mundo se fijó en Nueva
Guinea. Pero estamos hablando de 1970; pasamos 5 años aquí sin camino.
R: Sin
comercializar y con un montón de necesidades.
DRO:
Primero fueron las necesidades, después se dio el terremoto y entonces ahí
hicieron la carretera; así es como nos vino la carretera a Nueva Guinea.
R: De La
Curva a Nueva Guinea. ¿En 1972 la inauguraron?
DRO: Sí.
R:
Entonces, ya con el IAN, ya con las colonias, ya con la carretera, ya la
situación cambia totalmente.
DRO: Es
correcto.
R: Ya
tienen condiciones mejores, están felices, comercializan, hay un progreso, ¿o no?
DRO: Hay
un progreso. Como ese ya fue un proyecto con el Banco Mundial, ¿verdad?,
dijeron “bueno, vamos a hacer un hospital”: dos manzanas ahí y se hizo el
hospital. Nosotros le decimos hospital; es un centro de salud con camas, pero
como nos dijeron que era hospital le seguimos diciendo hospital.
R: Ya
con todas esas condiciones, después triunfa la Revolución Sandinista en la
zona, cuéntenos cómo fue esa etapa aquí, a grandes rasgos.
DRO: Bueno,
esa etapa en esta zona no se sintió mucho. Digamos al final, porque aquí, una
columna que venía por la montaña fue aniquilada.
R:
Jacinto Hernández, era.
DRO:
Jacinto Hernández. Fue aniquilada, entonces aquí realmente no se conoció mucho
de eso, pero con la euforia nosotros ya teníamos organizada aquí la célula y
habíamos mandado 300 muchachos a la columna de aquí de la carretera, de El
Rama, la que traía Pancho. Lo primero que pensábamos era querer ser Municipio,
queríamos independizarnos.
R: ¿Eso
es ya después que triunfa la Revolución?
DRO:
Desde antes queríamos porque no teníamos dónde hacer las gestiones, como te
digo, dónde ir a asentar.
R:
Triunfa la Revolución ¿y qué pasa entre los años de 1980 y 1984?
DRO: Bueno,
en 1979 nosotros hicimos un Comité de Defensa Sandinista (CDS). Ese comité fue
el que se encargó de hacer las gestiones para que fuéramos una Junta de
Gobierno. Llegamos a ser Junta de Gobierno en noviembre, pero sin ser
Municipio; la Revolución aceptó que realmente Nueva Guinea tenía las
condiciones para ser Municipio. Ahí es donde me nombran Coordinador de la Junta
de Gobierno.
R:
Primer Alcalde de Nueva Guinea.
DRO: Es
correcto, primer Alcalde de Nueva Guinea. Esa fue una elección a mano abierta. Nosotros
aquí ya teníamos una cooperativa, pero era una cooperativa agraria, todavía
existe, está ahí en frente de la UNAG, La Unión Campesina, todavía existe. Aquí
vinieron unos israelitas a formar cooperativas, porque en los países de ellos
hay cooperativas. Nosotros ya teníamos conocimiento de eso, pero no se había
hecho tan masivo. Con la Revolución sí, porque ya viene entonces eso de que hay
que unir las tierras. Pero donde lo hicieron fue en Jerusalén, ahí con Tuno y
otra gente que unieron sus tierras; otros no lo hicimos, nos quedamos en la
cooperativa pero sólo como socios sin unir nuestra tierra. Se dieron un montón
de proyectos, porque eso sí trajo la Revolución. Nosotros mismos, cuando
pasamos a funcionar como Junta de Gobierno, en 1981 nos están declarando el
primer municipio que creó la Revolución. Entonces ya nosotros trajimos todas
las instituciones, porque ese era el problema, que no habían instituciones;
donde no hay municipio no hay instituciones. Ahora en Nueva Guinea están todas
las instituciones y nosotros en la Alcaldía comenzamos a hacer gestiones. Una
de las primeras gestiones que hicimos fue la del agua potable. Metimos cartas
en la Secretaría de Asuntos Municipales (así se llamaba antes) y al Banco
Mundial. Nos aprobaron el proyecto y vinieron a hacer el levantamiento
topográfico para el agua. Aquí éramos 3,500 habitantes en el casco urbano,
entonces a la hora en que se inició el proyecto tuvimos problemas porque con la
guerra Nueva Guinea creció.
R:
¿Estamos hablando a partir de qué año de la guerra?
DRO: En
1984 comenzó la gente a salir.
R:
Comenzaron a evacuar a la gente a la montaña.
DRO: No,
la evacuación fue en 1988.
R: En
1986, 1987, 1988.
DRO: Pero
esa gente comenzó a regresar. La gente que se quedó aquí fue la gente que salió
espontáneamente, que tienen su finca y ellos sacaron a su familia. Una familia
que llega a un pueblo, ya es difícil que la hagas regresar. Ese fue uno de los
problemas que hubo aquí con los finqueros y los parceleros. Se salieron y ya la
mujer dijo “yo no me vuelvo a ir, me matan o me matan a mi hijo si se lo
llevan, o me violan a mi muchacha”. Ese es un problema que se dio.
R:
Sufrió la gente del campo.
DRO:
Correcto, la gente sufrió en el campo, eso está claro.
R: Esa
es una etapa entonces de contradicción, de conflicto, de guerra, de migración,
cuando la gente se va para Costa Rica.
DRO: Y se
fueron a la guerra unos, otros se fueron al Ejército, otros se fueron para
otros municipios, otros para otro país.
R:
Después tenemos los años de 1990, cuando pierde el Frente, ¿qué es lo más
significativo para usted en esta etapa de los años de 1990?
DRO: La
paz, la reconciliación, porque fíjate que Nueva Guinea, a pesar de que vivió
unos ocho años, porque hay que ser honestos, nosotros en 1981, 1982 estábamos
tranquilos; ya de 1983 para allá comenzó la guerra, hasta 1988… Y viene el huracán Juana que fue en 1988. Pero en ese tiempo también se dan los acuerdos
de Sapoa y de Esquipulas, entonces aquí se hicieron comisiones de paz. Esas comisiones de paz jugaron un gran papel. Dábamos un documento de Presidencia de
la República donde se le decía al alzado que si se retractaba nadie lo iba a
tocar. No se hablaba con el alzado, se hablaba con los familiares, con los
delegados de la palabra, con los pastores evangélicos. En esa forma fueque aminoró la guerra. Lo importante
fue cuando todo el mundo entregó las armas y aquí hubo paz. Borrón y cuenta
nueva. Para serte honesto, yo pensé, yo que fui Alcalde, los primeros 10 años y
medio que tuvo Daniel Ortega yo también los tuve, pensé que aquí iba a haber
cacería de brujas o pasadas de cuentas, y mira, gracias a dios, aquí no hubo
nada. Porque realmente se cometieron errores de los dos lados, con la lengua,
con la lengua de uno le pasaban la cuenta a uno, con la lengua del otro le
pasaban la cuenta al otro, y entonces para mí esa desamistad estaba en la
gente, pero aquí gracias a Dios la gente venía aburrida de la guerra, y la
gente está aburrida de la guerra, la gente no quiere guerra.
R:
Entonces esa es la etapa del decenio de 1990 y de los primeros diez años del
2000; de los gobiernos neoliberales, ahora, en este nuevo contexto en el
que nos encontramos, ¿cómo ves la situación de Nueva Guinea? Vemos que los
campesinos están inconformes, la gente anda marchando en las calles. ¿Cómo ve
la situación, usted que es de los colonos iniciales de Nueva Guinea?
DRO: Mira,
yo te digo, en este momento yo creo que los campesinos tienen razón, en cuanto
a ellos levantarse porque el gobierno no ha tenido la suficiente claridad de
venir y decirle al campesino qué es lo que va a hacer y qué es lo que les va a
tocar. Vinieron midiendo diez kilómetros a cada lado del río. ¿Qué hicieron?,
poner a la gente alborotada: “¿cómo es esto?”, estás hablando de un carril de
veinte kilómetros, dijeron, y después entregaron Nicaragua, como lo han dicho.
R: ¿Esa
gente es parte de la misma gente que sufrió la guerra o no?
DRO: En
parte sí, claro que sí. Ahí están viviendo unos que fueron comandantes de la
Resistencia, ahí están. Pero, ¿qué es lo que sucede?, la falta de comunicación,
la falta de acercamiento es lo que ha hecho ese problema. El otro problema es
que el gobierno local, aunque yo digo que es el gobierno nacional porque si
tiene empleados aquí tendría que mandarlos a esclarecer en qué consiste el proyecto. Más bien se les fueron arriba: ahí
andan los de otros partidos, ahí en La Unión andaban dos diputados del PLI,
andaban de Juigalpa y los de aquí. Y andaba un concejal que es del PLC. Esa
gente anda hablando lo que ellos piensan, lo que ellos imaginan, porque ellos
no se han sentado a platicar con el gobierno para decir “el proyecto consiste
en esto”. Hay desinformación por los dos lados.
R: Y la
desconfianza es peligrosa.
DRO: Sí, sí,
por lo que les han dicho, pero ahora que se maneja, que vino Telémaco y les dijo aquí en URACCAN que lo más
que se puede afectar son dos kilómetros de ancho, entonces la gente está más
apaciguada.
R: Pero
la gente no deja entrar a nadie allí.
DRO: Ah,
sí, porque le siguen manejando la problemática de los que andan con la bandera
del medio ambiente, que van a secar el lago, es lo primero que te andan
diciendo aquí los políticos y les andan diciendo que les van a expropiar sus
tierras.
R: Esta
es otra etapa del desarrollo donde ya hay una semilla de conflicto, digamos. A
pesar de ese conflicto que sufre la gente del campo, de aquí a 15 o 20 años,
¿cómo ve la zona de Nueva Guinea?
DRO: La
miro con mucho futuro. Precisamente hoy hablaba en un entierro con una
compañera, y en la esquina, por el parque, allá antes era de Adolfo Hernández,
tenía un taller de mecánica, tenía sucias las paredes y todo ahí. Y hoy que voy
ahí están construyendo una casa de dos pisos, y antes habían construido otra
casa de dos pisos, de la hermana del doctor Rodríguez. Estamos viendo el
progreso que se está desarrollando en Nueva Guinea. Ahorita Nueva Guinea
recibió el premio del mejor café Robusta, en Europa. Y debido a eso ahora se va
a llegar a 10 mil manzanas de café. Otros están con el asunto del cacao. Eso
quiere decir que están viviendo grandes proyectos para Nueva Guinea, como la
piña, pues.
R:
Entonces ve un futuro promisorio, siempre y cuando se resuelvan los problemas.
DRO: Que
se resuelvan, que le paguen a la gente, pero el progreso no lo puede parar nadie.
Entrevista realizada por Yuridia Jarquín en ocasión del
50 Aniversario de
Fundación de Nueva Guinea
Yuridia
Jarquin (Y)
Ronald
Hill Álvarez (R)
Y:
Cuéntenos en que año y bajo qué condiciones vino a Nueva Guinea
R:
Conocí por primera vez Nueva Guinea en el año 1986; trabajaba en el Gobierno
Regional de la Quinta Región, producto de ese trabajo, hacía visitas de
seguimiento y monitoreo a los municipios que en ese entonces eran parte de la
Quinta Región. Después que terminó el conflicto militar, cuando terminó la
guerra, en 1990, trabajé con el ACNUR (el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) y me
desplacé a la zona de Nueva Guinea para atender a miles de familias que estaban
en campos de refugiados en Costa Rica y en Honduras, que después del conflicto
armado vinieron nuevamente a reasentarse en su lugar de origen, en este caso a
Nueva Guinea. Atendía a esas familias en esas comunidades. Así logré conocer
prácticamente toditas las colonias del municipio. Me enamoré de esta zona y me
quedé trabajando aquí. Trabajé con la Alcaldía del municipio en 1992-1993,
cuando era alcalde Orlando Baquedano, cuando recién se estaba estrenando la Ley
de Municipio; ahí ya conocí un poco más la situación, la problemática del
municipio y luego comencé a trabajar en un organismo internacional que se llama
Ayuda Acción, con un proyecto de desarrollo rural que se implementó aquí del
año 1993 hasta el año 2007, cuando finalizó el proyecto en la zona.
Y:¿Cómo ayuda este proyecto al desarrollo
de Nueva Guinea en ese lapso, de 1993 a 2007?
R:
Viéndolo en retrospectiva, yo podría decir que ese proyecto, que duró 14 años,
en los primeros años –trabajábamos en ese entonces con la UNAG como
contraparte- su lógica era tratar de apoyar la reactivación económica de la
zona después del conflicto, es decir en la etapa de posguerra, intentando
reactivar la economía campesina y contribuir a la pacificación porque todavía
después de 1993 había aquí en la zona grupos armados llamados recompas,
recontras y revueltos; andaban en la zona operando. Esos primeros años del
proyecto, de 1993 a 1996, se trataba de contribuir a reactivar la economía y
lograr la pacificación, la reconciliación de la gente en la zona del municipio. Después hay otra fase a la que nosotros llamamos de ampliación de la
intervención, producto de la demanda de las familias en diferentes comarcas y
colonias. Primero trabajábamos en pocas comunidades, pero con la intervención
durante cuatro o cinco años, las comunidades cercanas a las localidades donde
ya trabajábamos, demandaban que llegáramos a trabajar con ellos. Así fue que
ampliamos el proyecto, ampliamos la intervención y comenzamos a trabajar en
diferentes campos, ya no sólo en la reactivación económica con los campesinos,
sino también en salud, educación, con la niñez, en actividades deportivas y
recreativas con los niños y las niñas. Del 2000 al 2007 cambió totalmente la
lógica del proyecto, de acuerdo con las nuevas condiciones que se presentaban
en la zona, porque ya no era la misma Nueva Guinea de esos primeros años, era
ya una zona con un mayor crecimiento económico productivo, debido
principalmente a la comercialización de productos campesinos, lo que se logró
con la inauguración de la carretera pavimentada de La Curva a Nueva Guinea. Eso
le dio un “boom” a la zona; yo recuerdo que en ese entonces comenzaron a entrar
al territorio prácticamente todas las organizaciones que actualmente están, que
no son ONG, sino principalmente micro financieras, centros de servicios
agropecuarios, para atender a la población que demandaba los diferentes
servicios. En esta etapa comenzamos a trabajar con organizaciones que fueron
surgiendo, producto del trabajo que nosotros hacíamos en la zona, con las
comunidades y los líderes comunitarios; comenzamos a trabajar con cooperativas,
asociaciones, como la Asociación de Promotores y Parteras (APROSAPANG), y con
convenios de colaboración con otros actores locales, el Ministerio de Salud, el
Ministerio de Educación, etcétera. Trabajamos con un montón de organizaciones
locales, buscando cómo fortalecerlas, porque nosotros ya visualizábamos la
salida definitiva de nuestra acción en el territorio de Nueva Guinea, después
de esa etapa de acción durante 14 años.
Y:Después de esos 14 años, ¿cree usted que
Ayuda en Acción marcó una pauta para que Nueva Guinea se desarrollara?
R:
Definitivamente creo que sí, hizo su parte como muchas otras organizaciones que
trabajaban en la zona; ninguna organización se puede atribuir que ella es la
única que ha contribuido al desarrollo local, todas cumplen con su rol, todas
juegan su papel. En ese entonces, yo recuerdo, había una gran colaboración, una
gran coordinación, una gran concatenación de diferentes organismos e
instituciones que trabajaban juntas, independientemente de su visión del
desarrollo local, buscando cómo complementar sus acciones para que hubiera un
mayor impacto en beneficio de las comunidades y las familias de Nueva Guinea,
al menos en las zona donde nosotros trabajábamos.
Y:¿Con qué otras organizaciones se
asociaron?
R:
Se formó una asociación de productores de raíces y tubérculos; se construyó una
planta procesadora en San Juan; a unos productores, una empresa de servicios
múltiples que luego se transformó en una cooperativa, a la asociación para el
desarrollo local de Nueva Guinea que se llamaba ADENG. Se apoyó a prácticamente
todas las organizaciones, a COPROLECHE, APROSAPANG, a los PIPITOS, al MINSA, al
MECD. Se apoyaba a la propia alcaldía para contribuir a mejorar las condiciones
de tratamiento y recolección de la basura, con equipos y medios para poder
hacer un trabajo más eficiente en el casco urbano. Se trabajó con las
asociaciones de los barrios, con los comités de los barrios y con los comités
de desarrollo comunitario en todas las comunidades donde trabajamos. Se
benefició a un montón de gente; trabajábamos con 40 comunidades.
Y:Sabemos que en Nueva Guinea hubo muchos
momentos, recuerda, usted como historiador (ya entrando en la parte de que
sabemos que usted es un personaje en su municipio como historiador) ¿cuáles son
los momentos que considera más fuertes que tuvo Nueva Guinea en el aspecto de
desarrollo, en estos 50 años?
R:
Aquí hay, yo diría, que tres o cuatro momento bien marcados. El primer momento
cuando vinieron los primeros colonizadores, la colonización espontánea; cuando vinieron, cuando se asentaron aquí a la orilla de La Guinea
Vieja, que no había condiciones y se trasladaron a la parte de El Salto, de El
Zapote, donde ahora es el vivero, y ahí comenzaron a crear sus condiciones de
vida y a demandar servicios por parte del gobierno de ese entonces, para que
los atendieran. Eso hasta que el IAN materializó e impulsó el proyecto de
colonización que conocemos como el PRICA, el proyecto Rigoberto Cabezas. Esa es
una etapa, la espontánea.
Después viene la colonización ya planificada que se
dio con ese proyecto del PRICA con asesoría israelí y con financiamiento del BID,
treinta millones de dólares de ese entonces. Se comienzan a formar las primeras
colonias, siendo la primera de ellas Nueva Guinea, después las que quedan
aledañas: Yolaina, El Verdún, Río Plata, Los Ángeles, Jerusalén, La Esperanza. Luego, la
segunda etapa que nunca concluyó. La segunda etapa no concluye. La primera
etapa se desarrolla y promueve el despale indiscriminado. Ese es el proyecto de
colonización para incorporar tierras a la producción nacional de granos
básicos, a través del despale; se financia granos básicos, ganadería, se
prestan servicios, se construye red eléctrica, caminos, o sea, se hace la colonia como tal,
siguiendo el modelo del kibutz israelí, con asesoría de los israelitas. Los
israelitas tenían la asesoría y se hacen las colonias. Es el único municipio
del país en el cual su delimitación política administrativa, además de la comarca, es la
intermedia (entre comarca y municipio, entre comarca y distrito) que es la
colonia, producto de esa asesoría, de esa visión del kibutz. Entonces ahí se
concentra la población en la colonia, se
les da vivienda, agua potable, educación, salud, los principales servicios, y
queda alrededor la parcela para que pudieran trabajarla. La otra etapa, la segunda,
no concluye el proyecto por la guerra de 1979; cuando triunfa la Revolución
Sandinista se paraliza todo, queda abortada la segunda etapa. Por eso
encontramos todavía colonias que nunca fueron concluidas: La Salvadorita, Unión
y otras que quedaron ahí a medio palo, sobre todo en el norte, en la zona
norte; lo que es Kurinwas, San José y toda esa zona no concluye, la parte este
y una parte del sur. Entonces se rompe la lógica esa y después se inicia un
tercer momento del desarrollo de Nueva Guinea.
Ese tercer momento es efímero,
es corto, es de 1980 a 1984 que hay una paz relativa, se comienzan a organizar
cooperativas, hay un auge, se quiere reactivar la economía con grandes
proyectos (el cacao, el hule, etcétera) para poder desarrollar la zona. Pero
comienza la guerra del decenio de 1980 y todos esos grandes proyectos que se
tenían planificados para la zona se abortan, quedan abortados nuevamente. Se
hace el conflicto militar, miles de jóvenes se van a la guerra, miles de
familias son sacadas de la montaña; entre 1986 y 1987 son evacuadas a los asentamientos
y, posteriormente, para remate, el huracán Juana en 1988. La zona queda
prácticamente devastada; es una zona que queda herida, herida por el conflicto
militar, herida, sangrando, entre la familia porque unos están en un bando y
los otros en el otro bando, y en la misma comunidad, la lógica comunitaria se
aborta, ya la gente no quiere saber nada, se van, unos comienzan a regresar
para asentarse de nuevo, y es la etapa de los años de 1990.
Lo más
significativo de la etapa del decenio de 1990 es la carretera que viene y con
ella todo lo que está detrás: más comercio, auge económico, más gente. Siempre
lo he dicho: Nueva Guinea es un municipio productivo pero también atractivo,
todo mundo quiere venirse para acá, se viene gente de la ciudad para Nueva
Guinea. Nueva Guinea es también un municipio que no satisface aún las
necesidades de su pueblo, de su gente; una inmensa mayoría de los jóvenes, que
son el futuro, emigra, se va. Se van inclusive jóvenes que han estudiado en las
comunidades su Primaria, que se hacen bachilleres y que son el futuro
técnico-profesional; el recurso humano más rico se nos está yendo, los jóvenes
se están yendo para Costa Rica y para otros lados, buscando alternativas de
trabajo y empleo porque aquí no hay. A grandes rasgos, eso es el desarrollo en
esas etapas de Nueva Guinea.
Y:50 años de Nueva Guinea, ¿qué significan
para usted como habitante, residente y colono de Nueva Guinea? Usted que ha
dado seguimiento, que apoyó de cierta forma el desarrollo, ¿qué significan para
usted los 50 años de Nueva Guinea?
R:
Para mí son 50 años de lucha campesina. Eso es Nueva Guinea y sigue luchando,
el campesino sigue en su lucha de poder labrar la tierra, de poder producir, de
poder vivir en paz, de tener progreso, de tener bienestar para ellos y su
familia, igual que la mayoría de los pobladores que estamos aquí. Nueva Guinea
eso es; a nivel nacional, Nueva Guinea es 50 años de lucha campesina. Ha sido
una lucha histórica del campesino. Hoy lo vemos todavía: la gente anda ahí
manifestándose en contra del canal, porque la gente está desinformada, la gente
no sabe, a la gente no se le explica, a la gente no se le consulta. Una de las
principales cosas que tiene el campesino de nuestro país es la desconfianza: el
que está quemado con leche dicen que sopla las cuajadas, entonces la
desconfianza, la desinformación, es el escenario que nos encontramos ahora y
que puede generar conflicto; esperamos todos que no se vuelva a dar en esta
zona que ha sido tan herida por conflictos armados, por desastres naturales,
que no tienen ninguna razón al final, todos estamos convencidos que no nos
llevan a ningún lado.
Y:¿Cómo se visiona Nueva Guinea en 50 años
más?
R:
No llego hasta allá. Todos quisiéramos tener una zona de paz, de desarrollo, de
convivencia, de armonía, de progreso; donde podamos satisfacer todas las
necesidades de la población, donde los jóvenes no se vayan, donde los ancianos
tengan vida digna, donde las mujeres no sigan siendo marginadas, explotadas y
maltratadas, donde todos vivamos en paz, rico, bonito, pero ese escenario, yo
creo, aquí hay que trabajar mucho más para lograrlo.
Todo lo tuyo me interesa,
aunque no te das cuenta
de tu timeline siempre estoy atento.
Siempre te espero porque
me agradas, me inspiras, me motivas con tus pensamientos, tus ocurrencias, tus fotos, las nuevas donde muestras las arrugas que ahora como niña lamentas por pasar la odiada línea de los treinta. No lo sabes, pero si no lo haces, te extraño.
Tu alma vagabunda a mí alrededor
quiero hoy, mañana y siempre,
llenarla con palabras,
susurradas a tu oído,
niña siempre, jamás pasando los treinta,
como canciones de cuna,
alegrando tu corazón, erizando tu piel,
acurrucando tu alma de niña.
Siempre niña, nunca más de treinta
aunque se te noten casi los cincuenta.
Desde que desembarqué
en el muelle de las pangas de Bluefields me di cuenta que pasaría un fin de
semana inolvidable. El rótulo pintado en la pared superior del galerón que da
acceso al embarcadero, dando la bienvenida en español, inglés y misquito, me
recordó que pisaba territorio pluricultural y multilingüe, la tierra del
“sontín”, del Obeah man y de creencias sobrenaturales.
Este viaje no
era como la mayor parte de los que he hecho; lo hacía por la urgente necesidad
de ver a viejos amigos y amigas en la última semana del año para despedirme de
ellos.
—Tengo que ir para bañarme y lavarme en las aguas
en mi vieja playa antes que finalice el año —le dije a ella cuando me vio con
las maletas.
—Siempre andas creyendo en esas babosadas
—respondió haciéndome la señal de la cruz en la espalda, como siempre lo hace
cuando tengo que viajar. — Que te vaya bien —agregó.
Desde el primer
día, después de la una de la tarde, me dirigí en compañía de Silvio Lacayo,
Silvio, su hijo, y Fabiola hacia una quinta ubicada en las cercanías del suampo
de Lara. Un charco de tierra roja explotó en miles de gotas cuando la camioneta
negra se desvió del camino para entrar a la quinta. Se escuchó el sonido del
aire comprimido de los amortiguadores asentándose en el lodo; los alrededores,
grama, postes, alambre de púas y troncos de los árboles quedaron salpicados de
rojo.
En el fondo del
terreno sobresale el bosque secundario propio de las planicies caribeñas,
prevaleciendo la oscuridad y las sombras, pero a medida que la mirada retrocede
se observan rayos de luz que como intrusos calientan el ambiente. En el centro,
al lado de un ranchito con techo de suita, crecen plantas ornamentales en
macetas hechas de bambú colgadas entre ramas que forman una escalera viva. Se nota el
despale selectivo de árboles y arbustos recién plantados con flores de
distintos colores a sus alrededores. “Este es tu santuario”, le dije a Fabiola
luego que me mostró con exquisitez sus plantas, los cultivos de sandía, tomate
y chiltoma que recién comenzaban a germinar.
Un tronco de
madera plantado al lado derecho del ranchito me llamó la atención; Silvio
Lacayo, el suegro de Fabiola, me llevó a verlo. Una vara cruza el tronco a
forma de brazos de los cuales cuelgan macetas con flores como si fueran sus
manos; igual en su base y en el borde superior como si fueran sus pies y
cabello. En la parte frontal mediana, el tronco tiene puesto dos trozos de
poroplast pintados con acuarela en forma de ojos y más abajo otro como si fuera
su lengua; una bufanda se sostiene de la vara con un nudo como colgando de su
cuello. “Esto es Vudú, es un muñeco de vudú”, le dije a Silvio Lacayo. “Se
llama Wilson”, respondió; me tomó una foto a su lado y regresamos al ranchito.
—¿Por qué se llama Wilson?
—Así le puso don Silvio —respondió Fabiola.
—Por Wilson, el de la película “El náufrago”,
protagonizada por Tom Hanks —dijo Silvio.
En la película el
actor pinta una cara en una pelota de basquetbol de la marca Wilson con su mano
sangrante y la ubica sobre un tronco. El balón se humaniza. La historia es
sobre un hombre, el náufrago, que sufre por mantener la esperanza en la soledad
de una isla. Su relación con Wilson puede parecer absurda pero es una excusa
para vencer el tabú de hablar solo, de vencer el miedo de caer en la locura y
es eso, precisamente dialogar con el balón, lo que lo mantiene cuerdo.
En un momento en
que se unieron al grupo otros amigos de Fabiola y Silvio, me acerque a Wilson; le
confesé mis penas, toqué sus manos, le acomodé la bufanda, pedí por mis deseos.
Al despedirme escuché con claridad el susurró del viento al caer la tarde:
“ándate tranquilo”.
La conversación
de la noche, ante mi insistencia sobre el vudú y luego de disfrutar un
exquisito costillar de cerdo asado, giró en torno a temas relacionados con
sucesos sobrenaturales como el que contó una amiga presente. “Abrí la puerta
del portón del corredor y al encender la luz vi las machas de patas de gato
pintadas con sangre en la pared, alrededor de las ventanas y la puerta. Desde
ese día mi niña (la jovencita que estaba a su lado) y yo comenzamos a sentir desesperación
si estábamos dentro de la casa, sufríamos de un intenso dolor de cabeza, no
podíamos estar tranquilas, mucho menos cuando Juan, mi marido, llegaba de sus
viajes desde la Desembocadura”.
Todos escuchaban
atentos, iluminados por una tenue luz de luna; Silvio me volvía a ver
incrédulo. “Sí, es cierto, tuvimos que buscar ayuda para que nos limpiaran la
casa, encontraron cochinadas”, agregó la mujer sin dar más explicaciones.
Silvio se me acercó al oído y dijo: “alguna querida que tiene en la Desembocadura
le hizo el sontín para que dejara a la mujer”.
Los días
siguientes los dediqué para visitar y despedir el año estrechando manos y dando
abrazos a viejos amigos. A una amiga tuve que gritarle para que abriera el
portón de zinc. Luego de saludarla me hizo pasar a su casa y vi cosas tiradas,
desacomodadas en la sala: vasos, platos, fotos, muebles, ropa de uso personal y
de cama. Al ver mi cara de sorpresa dijo sonriente: “estoy aprovechando que no
está mi mamá, estoy botando chunches viejos y hago limpia antes que termine el
año”. Recordé las palabras de otra amiga que hacía referencia a la mamá de mi
amiga: “mi mamá no nos dejaba visitar esa casa, decía que allí la mujer se
dedicaba a hacer cochinadas”.
Visité a mis familiares
en el cementerio de El Bluff e hice un recorrido por varias tumbas de familias de
antaño y recientes. “Ahora se roban hasta la tierra de las tumbas; las
preferidas son de aquellas personas que la gente considera que hacían
brujerías”, dijo el Bena. “Desde chavalo recuerdo que al Mexicano lo
consideraban brujo, no por su barba colgándole hasta el pecho ni por sus largas
uñas, sino porque él alardeaba de sus poderes sobrenaturales. No podía morir,
pasó varias semanas en agonía, daba gritos espantosos que se escuchaban hasta
la Booth por las noches y una manada de perros que tenía aullaba lamentándose
alrededor de su casa. La familia no soportó su agonía y lo trasladaron a uno de
los cuartitos que había hecho en el patio para alquilárselo a la Casimira y
otras misquitas, te acordás de la Casimira, ¿verdad?”, agregó.
Los tres días
que visité El Bluff me bañe, me lavé y me confesé con mi vieja playa. Fueron
tres días de sol, luminosos, con una brisa leve que espantó los jejenes y con
un oleaje que permitía nadar en sus azules aguas; también ellas se limpiaban al
depositar algas a lo largo de la costa. La espiritualidad y paz que encuentro
en esa playa me recordó el susurró de Wilson, mi amigo.
El último día
regresé en una caponera hasta el muelle de las pangas y allí me encontré a viejos
amigos del puerto. Mientras esperaba la salida de la panga hacia Bluefields
conversé con ellos; al tocar el tema de la extrema pobreza en que se
encuentran, abandonados y sin esperanzas, uno de ellos, el Chaparro de cabello
canoso dijo: “todos las fuckin gobiernas, después de la Somoza, no poder hacer
nada bueno, ni pesca, ni petróleo, ni marina, nada, sólo babosadas… y nosotros
aquí casi muriendo como si desde Managua nos hacer un gran brujería”.
“También tu mamá
creía en brujerías. Decía que a vos nada podía enloquecerte porque te había
dado una cura que consiguió en Kakabila”, dijo ella cuando regresé del viaje y
le conté lo de Wilson, mi amigo. “Nunca se imaginó que este sontín chontaleño
te volvería loco”, agregó con su mirada complaciente.
Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad, para la ciudad. Lleva en su pensamiento todo un mundo lleno de felicidad, Ay, de felicidad. Piensa remediar su situación del hogar que es toda su ilusión. Sí. Y alegre, el jibarito va, pensando así diciendo así, cantando así por el camino: "Si yo vendo la carga, mi Dios querido, un traje a mi viejita voy a comprar."
Y alegre también su yegua va al presentir que aquel cantar es todo un himno de alegría. Y en eso le sorprende la luz del DÍA. Y llegan al mercado de la ciudad.
Pasa la mañana entera sin que nadie quiera su carga comprar, ay, su carga comprar. Todo, todo esta desierto, y el pueblo esta lleno de necesidad, ay, de necesidad.
Se oye este lamento por doquier de mi desdichada Borinquen. Sí. Y triste, el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: "¿Qué será de Borinquen mi dios querido? ¿Qué será de mis hijos y de mi hogar?"
Oh Borinquen! La tierra del Edén, la que al cantar, el gran Gautier llamo la perla de los mares. Ahora que tu te mueres con tus pesares, déjame que te cante yo también.