miércoles, 26 de octubre de 2016

HIJO DEL TIEMPO Y ARENA


Mar fue mi primer palabra,
después de mamá.
Crecí con nombres marinos
en la lengua: oleaje,
pelícano, macarela, estrellas, huracán;
el sonido de sus nombres,
nativos como yo.

Caminé descalzo por la playa del Tortuguero
con mi padre, donde un estrecho
arenoso me aferra a Nicaribe,
perdiendo la vista en la mar azul
donde las redes de pescadores
acompañan cantos de esperanza.

En el mapa una flecha roja dice
estás aquí; en el faro,
al pie del acantilado,
entre rocas azules donde los jóvenes
perforan corazones entrelazados con sus nombres.
Estás aquí; entre la brisa marina,
donde la historia es una capa fina de arena
que el viento desaparece si no la atrapas.

El mar tiene una lengua antigua,
su voz se expresa en distintos dialectos;
al explotar las olas en los troncos,
en las piedras, en la arena, en los barcos.
La línea de playa tiene dolor
en la médula de sus huesos.
Su cuerpo recuerda
cicatrices de exterminio,
como las familias que sufren
al ver marchar a sus hijos,
arrancados de sus raíces por la pobreza.

Y alguien sobrevivió para recordar,
más allá del peso de los barcos sarrosos,
y de miles de manos cortándolos con
profundas huellas de dolor.
Alguien sobrevivió para contar la historia
de esta tristeza, abandonando el mar,
su playa, sus casas, sus familias,
orando junto a su moribunda abuela,
enterrada junto a árboles que no volvieron a florecer,
donde la bahía lloró al zarpar,
donde el río cubrió su alma con neblina al pasar,
donde un niño creció preguntando para guardarlo
en la memoria, para tejer  historias de viajes,
de viejas costumbres, de la vida de día, los cantos
y tradiciones de noche.

Estás aquí, dice la flecha roja,
donde la línea del mar y la playa se tejen.
Crucé la montaña, navegué el río,
hasta que se me olvidó mi nombre.
Y vine aquí, al mar azul,
a recordar la alegría más antigua que se,
bañarme en la playa desnudo,
acompañado por el oleaje, algas,
el canto de aves marinas.
Estar vivo, y la playa diciendo:
estás aquí, has vuelto,
hijo del tiempo y arena.

Ronald Hill A.


domingo, 23 de octubre de 2016

DISFRUTA DE LA PLAYA DE EL BLUFF



Indiscutiblemente, el principal atractivo de El Bluff es su playa, la playa del Tortuguero, llamada en estos tiempos “Bluff Beach”. Para llegar a “El Paraíso”, así le llaman las nuevas generaciones de Blofeños, se debe tomar una panga en Bluefields, y luego de unos 15 minutos de travesía, en los que se aprecian los cayos de la bahía, pescadores nativos en sus cayucos de vela, aves marinas, pasajeros que viajan a Bluefields dándote saludos, barcos que cruzan el canal en la parte norte de la bahía de Bluefields en dirección al Río Escondido y otros saliendo por la barra hacia el Mar Caribe, los chamberos te esperan en el muelle de las pangas, entre ellos Wesley y Pelé.

Allí mismo, a un lado del muelle, puedes tomar una moto-taxi o “caponera” para trasladarte hasta la playa al precio de veinte córdobas por persona. Si no tenés prisa, si quieres conocer El Bluff, hay solamente dos rutas a tomar.

A la izquierda del muelle, a unos diez metros, hay una subida que te lleva al antiguo andén del puerto. Al caminar vas a ver una malla metálica que bloquea todo el sector de la aduana así como los vestigios de casas que fueron bellas hace muchos años y que el huracán Juana dejó en ruinas, pero con la ayuda de Hábitat para la Humanidad las familias lograron reconstruirlas parcialmente. En el trayecto vas a encontrar la Capitanía del Puerto y frente a ella un portón clausurado que prohíbe el paso hacia el muelle de la aduana. Al llegar al acceso que da a las oficinas de la aduana, vas a ver a la derecha unas gradas que antes podías tomarlas para subir al parque de la loma de El Bluff donde vivió por muchos años el coronel Alejandro Peters, pero hoy se encuentran bloqueadas con láminas de zinc que no permiten el acceso. Un poco más en el trayecto vas a ver a tu izquierda el cuartel de los guardias, hoy llamado base naval de El Bluff, y un portón metálico resguardado por guardias nerviosos que bloquean el paso. No te detengas y sigue caminando. Vas a llegar a un punto desde el cual la playa del El Bluff te da la bienvenida en la distancia, ese punto en que te encuentras y la ves de frente, es la esquina de Miss Lilian, llamada así en los tiempos gloriosos de El Bluff. Debes seguir caminando y llegaras a la iglesia Morava y, unos metros más hacia adelante, a la capilla de la iglesia católica. Allí, en frente de la iglesia está el colegio, y detrás el cementerio. Si sigues la bajada no muy marcada vas a ver el parque de El Bluff, propiamente donde antes se jugaba béisbol y futbol. En ese sector siempre hay moto-taxis y, si quieres ir más allá de ese punto, puedes hacer un tour por los diferentes sectores que conforman el pueblo.

La otra vía para llegar a la playa es tomando directamente una moto-taxi para que te traslade, pero también puedes tomar una panga y arreglar el traslado hasta el muelle de la playa. Muchas personas que quieren ir directamente desde Bluefields alquilan una panga, es decir, pagan el viaje expreso ida y vuelta con lo que se evitan la desesperación de esperar que los pangueros llenen la panga de pasajeros. Si vas con un grupo te recomiendo esta última opción que cuesta 40 dólares el viaje redondo, evitándote estar pendiente de la panga para que te traslade de regreso a Bluefields.

La playa de El Bluff es prácticamente virgen, en el sentido que no existen construcciones que alteran el paisaje. Vas a encontrar varios ranchos, pero solamente funciona uno todos los días de la semana. ¿Por qué? Por varias razones.

La playa de El Bluff como destino turístico solamente es promovida por las autoridades municipales e INTUR para la época semana santa. Los habitantes de Bluefields son poco asiduos en disfrutar del mar, aún cuando lo tienen frente a la bahía, y se convierten en playeros para la época navidad y año nuevo. En esas épocas del año, la mayor parte de los visitantes se traslada con sus alimentos y bebidas lo que provoca un bajo nivel de consumo de los productos que ofertan los dueños de los ranchos (comida, cervezas, gaseosas, agua embotellada y ron), reduciendo el ingreso local.

Los dueños de los ranchos también tienen limitantes que deben superar, como disponer de servicios sanitarios y agua potable permanente, aspectos vitales a los que todo el visitante debe acceder de manera permanente.

La escasa actividad turística mantiene desmotivados a los dueños de los ranchos y sus problemas se vuelven cíclicos. Cada quien mira por sus intereses y se preocupan por estar activos en las épocas del año antes mencionadas. Sin unidad no conseguirán superar sus problemas. Entre todos podrían crear una oferta de servicios más estable, gestionar promoción permanente frente a las autoridades, adquirir una o dos pangas para el traslado de los clientes desde o hacia Bluefields y hacer publicidad de sus servicios.

Con el tránsito permanente de vehículos en la carretera de Nueva Guinea a Bluefields, se abre una ventana de oportunidades para hacer realidad el turismo de playa en El Bluff. Pero mientras llega ese momento, me tomo la libertad de recomendar a mi amigo Javier Benavidez, el único que se mantiene 365 días del año prestando atención en un rancho de la playa.

Si en tus planes está contemplado disfrutar de la playa, aquí te dejo su número de teléfono, 8361431, para que lo llames. Estoy seguro que vas a pasar un día ameno y tranquilo disfrutando del Mar Caribe y él te pude platicar sobre la historia de El Bluff.

Domingo, 23 de octubre de 2016

viernes, 14 de octubre de 2016

EL UMBRAL DEL RESENTIMIENTO



Esperó que todos durmieran.
Abrió la puerta, vio las calles:
oscuras y desoladas.
Recorrió la pista de aterrizaje.
Cruzó el claro, disfrutó la brisa:
tez y alma.
Rompió el umbral del resentimiento.
En una hamaca, él la esperaba:
complicidad y ternura.
Lluvia en el techo estallaba.
Desnudó su cuerpo, abandonó sus penas:
ardor y canto.
Regresó en la madrugada.
Cerró la puerta, el silencio esperaba:
aborrecimiento y abandono.
Durmió anhelando otra noche.

martes, 11 de octubre de 2016

TU VOZ ES NUESTRA VOZ: SUELTA LA LENGUA



La era cavernaria sigue su curso y ahora da con el garrote en Bluefields, sede de la Región Autónoma del Caribe Sur y cuna de la Autonomía, el proyecto más hermoso y el único que es real y orgullo de Nicaragua a pesar de sus errores, conflictos y desafíos. Y lo hace con el peso de los poderosos, los mismos que se auto proclaman defensores del proceso autonómico, ese proceso que convoca a los pueblos de la Regiones Autónomas a vivir en armonía, a hacer propia su libertad, a vivir la unidad en la diversidad.

El poder ha cubierto con su manto oscuro la libertad de expresión en Bluefields. El noticiero Hoy, conducido en viva voz de la periodista Yolidia Navas, conocida popularmente como “La Che”, fue cerrado, expulsado de Radio Zinica, una radio para-oficial. El noticiero Hoy se transmitía los días de semana, de lunes a viernes, en horario de 6:15 a 7:00 a.m. Su línea de difusión principal era otorgarle voz a los sin voz, abrir los micrófonos a las personas de las diferentes comunidades de la Región para hacer denuncias sobre los diferentes acontecimientos y realidades que los afectaban. Además cubría sucesos de diversa índole en Bluefields, desde conflictos vecinales hasta denuncias contra las autoridades municipales, regionales, partidarias y los actos de corrupción que han cubierto con su miasma a la ciudad de los campos azules.

Mis amigos y amigas periodistas de la ciudad de Bluefields han dado sus muestras de solidaridad con “La Che”, valiéndose de las redes sociales para manifestarse, incluso algunos dueños de medios radiales le han abierto sus puertas para que continúe con su labor de información, denunciando a los poderosos que violan la ley, y continúan cometiendo arbitrariedades en contra de los pueblos del Caribe Sur.

Desde este espacio, Sueños del Caribe, me solidarizo con Yolidia, con “La Che”, y usando a Orishas te "digo que sueltes la lengua, esa lengüita de trapo, que te arranques de la boca el maldito esparadrapo".

En el mes de la Autonomía no se asesina la libertad de expresión, mucho menos en un aniversario más de la ciudad de Bluefields. ¡Viva la libertad de expresión!

Nueva Guinea, RACS

Martes, 11 de octubre de 2016

martes, 4 de octubre de 2016

MENDIGOS DE AGUA


“Agua que no has de beber, déjala correr”, es una expresión gráfica.  Imagínense que un día se nos ocurre ir al río El Zapote, el mismo que con sus aguas logra saciar la sed de los que habitamos en el casco urbano de Nueva Guinea, y en la orilla decidimos no beber de él, con ello estamos dejando que el agua siga su curso hasta que llegue a aquellos que sí la necesitan o quieren beber de ella. Sino, lo que haremos es poner obstáculos o impedimentos a que el agua llegue allá donde debe, donde la necesitan.

También “agua que no has de beber, déjala correr” se ha convertido por su uso en un refrán que nos dice que si algo no es de nuestra incumbencia, si no te interesa, si no es de tu responsabilidad, ni te afecta, no debes involucrarte en ello, debes dejar que pase, no debes meterte en medio. Bonito, ¿verdad?, pero como a todos nos incumbe, nos interesa el agua, debemos involucrarnos en la problemática.

Una vez escribí sobre este tema, el de la problemática del agua en Nueva Guinea y, con cifras en manos, señalaba que el 27.1% del agua bombeada se perdía, constituyéndose en un verdadero derroche de agua.

Nuestra ciudad crece sin parar, todo mundo construye a su antojo, pero cada año el caudal del río baja hasta el grado que el agua no sigue su curso y miles de peces mueren atrapados en el dique de contención. Por todas las zonas se amplía el número de usuarios, y cada año padecemos el mal del racionamiento, aglomerándonos en los meses críticos frente a las pilas de agua de ENACAL, transformándonos en mendigos de agua.

Y señoras y señores, apenas estamos en el mes Octubre y ya los funcionarios de ENACAL insinúan que van a racionar el agua. Yo realmente no entiendo, amplían la red de distribución cada año y luego cierran los tanques. ¿Qué sentido tiene? Eso sencillamente nos está mostrando el poder que ellos tienen sobre nosotros, los usuarios, sobre los habitantes de la ciudad. Adoptan la posición del papá que castiga al hijo sin que tenga alguna culpa, le da reprimendas por los errores que él ha cometido y, en medio de su propia crisis, le da un tajonazo en la espalda al chavalo. Ve que lindo, injusticias para los usuarios que hacemos uso racional de ella.

El cuento de que van a hacer nuevos tanques, que los van a subir en unas torres tan altas como el cielo para que a todos nos llegue el agua, que van a hacer un dique de contención en el río de la Sardina, que después vamos a beber agua del Río Plata, son eso, cuentos de agua, y llegara el día en que nuestros nietos y bisnietos visiten el río como aquella vez que no bebimos agua a la orilla de El Zapote, donde hallaran un rótulo entre las piedras del fondo seco que dirá: “De aquí bebíamos agua”, firmado por ENACAL y todos los gobiernos municipales que nunca hicieron nada por resolver de manera responsable la problemática del agua en Nueva Guinea.

Si los ciudadanos de la ciudad de Nueva Guinea seguimos siendo pasivos, si no nos involucramos activamente en la búsqueda de solución al problema del agua, seremos responsables de que nuestros hijos, nietos y bisnietos sufran las consecuencias de ello.

Martes, 4 de octubre de 2016.
Nueva Guinea, RACS.

jueves, 29 de septiembre de 2016

SORDO, CIEGO Y MUDO: PATAS PARA ARRIBA

Siempre llamo por teléfono a mis amigos taxistas para que me lleven al pueblo. ¿Cómo está el día?, pregunto. Y de allí sigo diciendo que me gustaría ser taxista, que se la pasan divertido, que van a dónde el cliente se los pide, que se dan cuenta de todo lo que sucede a través de la radio o de lo que les cuentan los pasajeros, que mujeres no les faltan y, cuando terminan el día, tienen las cartera llena de billetes. Todos ríen, pero pocos lo aceptan.

“No lo crea, el negocio está palmado, estamos jodidos, hace meses se perdieron los billetes”, dijo uno de ellos. “Todo el día paso sentado, cuando hace calorazo sudo hasta por el trasero, y por eso tuve que poner este abaniquito, mire, mire la panza que me ha crecido”, dijo reclinando la espalda en el asiento para mostrarla. “He tenido que visitar al doctor, antes no le hacía caso al dolor de espalda, pero luego de seis meses de andar para arriba y para abajo, llegaba a mi casa sin poder agacharme y la mujer me miraba recelosa. “Tiene que hacer ejercicios, salga a caminar, estírese”, me dijo el doctor en la clínica. “Y apenas voy a cumplir 35 años, que le parece, a este paso no voy a poder agacharme para montar la carga ni a ella”.

“Sí usted supiera de lo que me doy cuenta, todo mundo dice, todo mundo cuenta, que la palmazón, que no hay reales, que fulanito se contrabandea a la fulanita, que Pedro dejó los cachos en la puerta, que las elecciones, que el Canal, y miles de que y que, pero en este negocio uno debe ser como Shakira, sordo, ciego y mudo, hacerse el loco, pues”, comentó uno que tarda más que los otros en venir a buscarme.

“De mujeres no quiero saber nada… eso ya la superé”, dijo otro. Al comienzo, cuando agarré el carro, miraba la cosa de otra manera. No me vas a creer, pero me llamaban mujeres de todos lados, de la zona 5, la 6, la 8, la 3 y del centro, porque para tener clientes tenés que dar tu número de teléfono. Me la daba de tuani, para arriba y para abajo, con una y con otra, eso sí, hasta después que había hecho el día, con 300 varitas en la bolsa, cuando ya había asegurado los billetes del dueño del taxi. Entonces sí que lo disfrutaba. “Amor, llévame a un lugarcito donde estemos rico”, me decían. Y yo agarraba la vara, me desmangaba a alquilar un cuarto, imagínate, en un ratito se me desaparecían los realitos que había hecho en todo el día. Ahora que va, más bien me les corro, porque aunque usted no me lo crea, en este pueblo hay mujeres que viven aburridas y dan lo que sea por salir en carro a divertirse, a dar una vueltecita, a quitarse el estrés del aburrimiento”.

Me dejan donde les digo, a veces en la barbería, a veces en el banco o en el mercado, los lugares que más frecuento. También doy una pasada por la farmacia para comprar antiinflamatorios, relajantes musculares, cosas de esas que usamos más a menudo en la medida en que nos vamos poniendo viejos. Y allí también sondeo la situación, pregunto siempre cómo está el día.

Los negocios andan por los suelos. Si la situación en el campo está mal, los efectos se sienten en todos los negocios de la ciudad. No hay cosechas, de nada, el precio de la yuca anda por el suelo, no hay quequisque, no hay cosecha de piña MD2, ya no se miran en las aceras los depósitos de basura repletos de piñas, los ganaderos lloran por el precio de la carne y las ventas están caídas. “Está dura la cosa, hay sequía”, dijo mi amigo el doctor. “Sólo los de arriba, los de siempre, miran que la economía crece, que vamos viento en popa, pero aquí en la realidad, en el mundo del día a día, las cosas andan patas para arriba”.

Nueva Guinea, RACS

Jueves, 29 de septiembre de 2016 

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA COLONIA MEJOR ORGANIZADA DE NUEVA GUINEA

¿Cuál es la colonia mejor organizada de Nueva Guinea?, pensé muchas veces, y en busca de respuesta, las recorrí todas, sin excepción. ¿Cuál de tantas puede llevarse el premio?, ¿qué criterios se deben considerar para determinarlo?, y lo hice de manera metódica, con propuestas de acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Entre más cercana se encuentran las colonias a la cabecera municipal (menos de 10 kilómetros), tienen una elevada capacidad de gestión frente al Estado en busca de solución a sus problemas. Los líderes (comunitarios, partidarios y religiosos) visitan la alcaldía y las instituciones del Estado hasta cuatro veces por semana, padecen de un mal que muchos llaman “gestionitis”. Por supuesto, es un mal que los pobladores deben de pagar por sus incansables gestiones que acarrean gastos de transporte y “el día de trabajo”. Estos líderes tratan de quedar bien y miran más allá de su futuro inmediato para trascender el espacio de la colonia, obsesionándose en llegar a ser un día “concejales” y, en esa búsqueda, actúan como representantes de las autoridades. Es en ellas donde mayores problemas se enfrentan al momento de impulsar acciones en beneficio de sus pobladores, principalmente en el nivel de aporte comunitario y, en la medida en que el mismo es mayor en mano de obra, mayor es la problemática. La gente no se involucra directamente, muchos pagan los días hombre de trabajo que deben aportar y, al final, el sostenimiento de las obras como sistemas de agua, escuelas, etcétera, es inexistente, los niveles de apropiación comunitaria son bajísimos.

Las colonias alejadas del casco urbano, con carretera de acceso de todo tiempo, son la mayoría en Nueva Guinea. En ellas se dan problemas de diferentes índoles. Conflictos entre los líderes, entre denominaciones religiosas, y de visión sobre las prioridades para mejorar sus condiciones de vida son parte de los problemas recurrentes en ellas. Entre las mejores organizadas se encuentran La Fonseca, La Unión, y otras que se ubican en la zona del proyecto del Canal, lo que provoca un alto nivel de desmotivación e incertidumbre en sus pobladores.

Pero, ¿cuál es la mejor organizada de Nueva Guinea? Definitivamente el premio se lo lleva la colonia de San Miguel. Está ubicada al pie del Cerro Brujo, a unos cinco kilómetros de la colonia San Antonio, al noreste de Nueva Guinea. Pero, ¿por qué?, es sencillo: la gente de San Miguel es feliz, las familias que conforman la comunidad son unidas, enfrentan en conjunto la adversidad, son solidarios entre ellos y con las familias de otras comunidades.

“Necesitamos que nos ayuden a llevar la luz eléctrica a la colonia”, dijo Daniel Briceño, líder comunitario de San Miguel en una reunión comunitaria. Pero, ¿cómo van a hacer?, ni siquiera tienen un camino de todo tiempo, la mayor parte del año tenemos que caminar hasta allá, le contesté. “Nosotros hacemos maravillas, ustedes apoyen a la comunidad”, respondió con el respaldo de los otros líderes del comité comunitario. Dudé sobre la posibilidad de concretizar el proyecto de electrificación mientras lo formulábamos, la compañía que se contrató para elaborar el diseño y presupuesto lo confirmó: “La introducción de los materiales hasta San Miguel y el trabajo comunitario será uno de los mayores retos del proyecto”, afirmaron. Será difícil, tenemos que esperar hasta la época seca para iniciar el proyecto, no se pueden introducir los materiales hasta la comunidad por el mal estado del camino, les comuniqué en una reunión comunitaria. “No, ustedes no se preocupen, nosotros los vamos a introducir con bueyes, pónganlos en San Antonio y van a ver”, respondieron.

Las rastras con los postes de pino curado fueron trasladadas hasta San Antonio, se descargaron en la entrada del camino a San Miguel. Los líderes estaban esperando con las yuntas de bueyes. Fue sorprendente ver el trabajo de traslado de los postes hasta los puntos señalados por el diseño del proyecto, un poste era jalado por una yunta de bueyes a través del camino barroso, lodoso, cruzando quebradas, cruzando trechos de suampo, subiendo marcadas pendientes bajo la lluvia hasta culminar en la comunidad. Luego trasladaron de la misma manera los enormes y pesados carretes de cable de alta tensión y todos los herrajes necesarios. ¿Cuántas yuntas de bueyes emplearon? ¿Cuántos viajes realizaron? Fueron más de diez yuntas de bueyes que hacían dos viajes al día hasta introducir todos los materiales. ¿Qué valor tiene esta acción de la comunidad y sus líderes? Su esfuerzo es invaluable. Por supuesto que podemos medirlo y tener un dato económico, pero desde la perspectiva de desarrollo organizacional de la comunidad, es algo que no tiene precio.

Al culminar el proyecto, tres meses después, la comunidad de San Miguel continuaba siendo una colonia sin carretera de acceso pero con todas sus calles y viviendas iluminadas. La comunidad celebró a lo grande la culminación del proyecto, su proyecto, y fuimos invitados a la fiesta con otros actores de Nueva Guinea.

La colonia de San Miguel se convirtió, en esos años, en ejemplo de desarrollo organizativo comunitario frente a otras colonias de Nueva Guinea, y cuando en otras íbamos a emprender nuevos proyectos, invitábamos a los líderes de San Miguel para que dieran testimonio sobre las claves de su éxito en el trabajo y desarrollo comunitario.

¿Existirán otras colonias y comunidades con ese nivel de desarrollo organizativo en Nueva Guinea?  Lo dudo. En la actualidad, los pocos proyectos que se desarrollan como los de sistemas de agua potable, demandan que los usuarios deben pagar de contado el 30 por ciento del valor del medidor de agua para que inicie la obra y la mayoría no lo realiza. ¿Por qué? Esa pregunta quedará sin respuesta, pero mientras los beneficiarios, hoy llamados “protagonistas”, no sientan como propios los proyectos, la colonia de San Miguel seguirá siendo la mejor organizada de Nueva Guinea.

Nueva Guinea, RACS.
Sábado, 24 de septiembre de 2016

sábado, 17 de septiembre de 2016

NIÑOS DE GUERRA


 

“No, no te metas en la plática, porque vos sos de otra época”, dijo Joaquín cuando traté de explicar las diferencias generacionales entre ellos, los tres amigos que tras reencontrarse conversaban sobre su niñez, y la mía.

“Nací en época de guerra. De mi infancia siempre recuerdo la abundancia de escasez, penuria de comida, ropa y juguetes en la época de navidad. La guerra se me metió en la sangre. Aprendí a contar con una cartilla llena de símbolos de guerra. Una granada más dos granadas, ¿cuántas son?, preguntaba la maestra. A vos te enseñaron a contar con palitos de fósforos, con un método fresa. Dos AK-47 por dos AK-47, ¿cuántas resultan?, seguía la maestra. Las navidades se celebraban con disparos, las balas trazadoras y las luces de bengalas que tiraban desde la base militar de Juigalpa iluminaban el cielo”.

“¡Joaquín, Joaquín, contá lo del Pájaro Negro!, lo interrumpió Gustavo.

¡El Black Bird!, cuando el pajarito pasaba, con la explosión todo temblaba y me tiraba debajo del pupitre, las chavalas lloraban, otros se orinaban. El tiempo se detenía, el silencio se adueñaba de todo y quedaba en trance. Todo el día pasaba temblando porque nos metieron el cuento de que el pájaro iba a dejar caer bombas por todos lados.

“Mirá como es ahora”, dijo Gustavo y Joaquín se sentó a su lado.

“Siempre existen chavalos nefastos, esos que son mayores y te pegan por algo tuyo que quieren, que les gusta. A eso ahora le llaman “bullying”. Nosotros vivimos esos años en un constante acoso psicológico por la situación, por la guerra. ¿No era todo eso un maltrato psicológico? Para que te des una idea, cuando esos bravucones nos hacían la vida imposible, con sólo que les gritáramos ¡Reagan, Reagan, Reagan!, dejaban de molestarnos y se escondían porque Reagan era el mismísimo demonio y Sandino el héroe”.

“Nos entreteníamos aprendiendo el arte de la guerra”, dijo Aster. Joaquín y Gustavo cruzaron miradas y se carcajearon.

“Es cierto, aunque se rían, recuerdo cuando íbamos al río, a la quebrada de Carca, con los amigos de mi papá, contentísimos porque llevaban armas, unos grandes fusiles de francotiradores, ¿cómo se llamaba?”

“¡Dragunov!”, respondieron los dos al unísono.

“Sí, sí, era inmenso, con patitas para apoyarlo en el suelo, el cargador era curvo y Fidel nos decía, ¡a ver chavalos! ¡vamos a ver quién aguanta la patada! y nos poníamos pecho en tierra para disparar contra el paredón de piedras, al pie de la poza, y ¡bang! la patada nos tiraba hacia atrás, quedábamos con el hombro inflamado. Las granadas venían después, eran granadas como un huevo, con un resalte a los lados. Era un entrenamiento de guerra, imagínate, zipotes en esas. “Mirá la espoleta y cuando se la quités, así, mirá, tírala a la poza, vas a oír un pop y la tirás de inmediato”, seguía diciendo Ficho. La poza tiraba agua con pescaditos muertos como gotas de lluvia, las piedras de la orilla quedaban mojadas y corríamos a bañarnos dando gritos de alegría”.

Ustedes son de la generación que no cree en nada ni en nadie, dije luego de un momento de silencio.

“En nada ni en nadie, mucho menos en política. Somos niños de guerra, luchamos por la sobrevivencia”, respondió Joaquín.

“Y los negocios”, agregó Aster.

Pero ustedes que pueden contribuir mucho, mejorar el país y no lo hacen, agregué.

“No entendés que se nos arruinó la vida”, dijo Gustavo.

“¡Bridemos por el reencuentro!”, agregó Joaquín tomando del cuello una botella de whiskey y les sirvió un trago.

Tomé un vaso y extendí la mano. Están eufóricos aun cuando la tristeza no se pierde en sus ojos. Mis nietos nunca serán niños de guerra, pienso. ¡Salud!



17/09/2016