lunes, 12 de diciembre de 2016

SEMBLANZA DE VIDA DE DOÑA ROSA BERMÚDEZ


Rosa Paulina Mendoza Brenes nació el 30 de marzo de 1923 en El Castillo, Río San Juan. Sus padres fueron Indalecio Mendoza y Berta Brenes. En su infancia se trasladó a vivir a Popoyuapa con sus tíos paternos y luego regresó a El Castillo.

En plena florescencia salió del seno familiar en búsqueda de una nueva vida. La pobreza estrangulaba sus sueños, las labores cotidianas vaciaban su alma, pero las noticias que llegaban sobre el auge bananero, del empleo abundante en la Costa Caribe, la motivó a surcar el Rio San Juan desde El Castillo hasta la barra de El Colorado. La majestuosidad del paisaje, aguas claras, aves cantoras surcando el cielo, hicieron que la esperanza de una nueva vida brotara en su inocente rostro.

Desde la barra de El Colorado se embarcó en la lancha “María del Socorro” y descubrió el furor de las olas del mar, el aroma marino, la brisa salina y atardeceres de ensueño hasta desembarcar en el puerto de El Bluff. En la lancha conoció a Toño Real y le prometió ayuda para obtener un empleo.

Un día después de su llegada, la familia Aróstegui la acogió como a una hija y ella colabora en las labores del hogar.  Por su gracia y belleza en flor, Santiago Bermúdez González la corteja y forman la familia Bermúdez Mendoza compuesta por dos mujeres: Matilde y Socorro aquí presentes, y siete varones: Felipe, Ramón, Fausto (QEPD), Guillermo (QEPD), Martín (QEPD), José Dolores (presente) y Manuel.

Crecí al lado de la casa de mi abuela Manuela y mi abuelo Felipe Álvarez en El Bluff. La familia Bermúdez Mendoza vivió por muchos años frente a nuestra casa y siempre voy a recordar a doña Rosa en su jardín, sembrado y cuidando sus plantas. Tuve la dicha de saborear sus exquisitos platos de comida y crecer con alegría al lado de sus hijos. Mi abuelo Felipe y Santiago, “Chagüito”, eran compañeros de trabajo en la Aduana de El Bluff, donde trabajaron hasta el último de sus días.

Por su espíritu emprendedor y servicio, doña Rosa logró ganarse el corazón de los Blofeños, a quienes sirvió con alegría y compromiso cristiano en la capilla “Nuestra Señora del Carmen” en El Bluff. Colaboró como catequista de bautizos y matrimonios, cuidó de la sacristía con amor y devoción, fue anfitriona de seminarista y sacerdotes a los que deleitaba con sus comidas y repostería. Sirvió a monseñor Smith, monseñor Scheffer, a Fran Smuko y al padre Edwin entre otros más.

Enviuda luego de 48 años al lado de Santiago y se traslada a vivir a la ciudad de Bluefields donde se integra al servicio de la parroquia “Nuestra Señora del Rosario”.

En el año 1996 se traslada a vivir a ciudad Rama con su hija Socorro Bermúdez y su esposo, Rafael Álvarez, mi primo que en paz descansa. Desde su arribo a la ciudad se integra a la orden franciscana seglar, apoya y colabora en actividades para reconstruir el templo de la iglesia católica dañado por el huracán Juana y administra la eucaristía, llevándoles la comunión a los enfermos.

Parte a la presencia del Señor el 9 de diciembre del año 2016, a la edad de 93 años, dejando a su paso por este mundo un gran legado en los 6 hijos que le sobreviven al lado de 30 nietos, 51 bisnietos y 8 tataranietos.

No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. No duermo.
Soy mil vientos soplando.
Soy el centello diamantino de la nieve.
Soy la luz solar sobre el grano maduro.
Soy la tenue lluvia de otoño.

Cuando despiertas en la quietud matinal,
soy la prisa rauda, ligera de quietos pájaros
volando en círculos en el cielo,
soy la tenue luz de las estrellas en la noche.

No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. No duermo.
No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí.
¡Estoy en todas partes! ¡Vivo!

Rosa Bermúdez, ¡descansa en paz!

Leído en la Catedral de Bluefields.
10 de diciembre de 2016

Bluefields, Nicaragua.

sábado, 26 de noviembre de 2016

EL HURACÁN OTTO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Desde muy tempranas horas del día Lunes 21 del corriente mes presté suma atención a la evolución de la depresión tropical que en el transcurso de la semana se convirtió en el huracán Otto.

Fue a través de internet que seguí su curso, lo que me permitió prepararme para lo que sería un inminente desastre en el Sur-Este de Nicaragua. Las páginas que cada dos horas visitaba fueron el Centro Nacional de Huracanes, Hurricane Tracker y el periódico digital Costa Rica Hoy. También mantuve encendido el televisor por varias horas, principalmente para observar la cobertura especial que brindaron los medios de Costa Rica. De Nicaragua solamente vi lo expuesto por el SINAPRED al momento de decretar la alerta amarilla para la zona de la RACCS y la conferencia que brindaron desde Bluefields porque los otros canales de TV informaban lo mismo que el SINAPRED decía.

Conociendo la trayectoria calculada de Otto me dispuse a crear condiciones para prevenir los posibles efectos que causaría en Nueva Guinea. Selle las ventanas de mi casa con láminas de zinc, abrí zanjas para que el agua se escurriera con rapidez, podé árboles y derribe los que eran amenaza para la casa, y compre bolsas y plástico negro para proteger cosas de valor antes que los comerciantes agiotistas del mercado municipal elevaran en un 200 por ciento el precio de los mismos.

El día esperado del impacto estábamos preparados. Por la mañana, a eso de las nueve de la mañana, uno de mis vecinos me visitó preocupado. “Le tengo miedo a esos árboles, mi vecino no quiere derribarlos”, dijo. “No le haga caso, usted busqué como cortarle todas las ramas”, le respondí después de ver los enormes árboles de Laurel a un lado de su casa. Desde ese instante se conformó una brigada de vecinos para derribar y cortar árboles porque consultaron a autoridades de la municipalidad y respondieron que si eran un peligro no dudaran en cortarlos.

A las tres de la tarde se suspendió el servicio de energía eléctrica en Nueva Guinea. La información por la radio local, Radio Manantial, se suspendió y solamente podía seguir los acontecimientos a través de mi teléfono inteligente pero se me había descargado. Di un suspiro cuando, después que Otto tocó tierra Nicaragüense y chocó con la Reserva Indio – Maíz, dio un giro hacia el sur-oeste en su trayectoria, internándose en el territorio fronterizo de Costa Rica. “Nos salvamos”, le dije a mi familia, se internó en territorio Costarricense nuevamente. Salí a hacer un recorrido por la ciudad y sus calles se encontraban vacías, la gente esperaba angustiada al huracán Otto.

Las redes sociales explotaron a causa de Otto. Por ellas pude observar transmisiones en vivo desde Bluefields, El Rama y Costa Rica. Los medios de comunicación tradicionales, principalmente los televisivos de Nicaragua no estuvieron a la altura para informar sobre el huracán: repetían lo que las televisoras oficiales informaban, volvían a su programación regular mientras desde Costa Rica observaba los acontecimientos en tiempo real, a los periodistas en los lugares de los hechos, a los miembros del Comité Nacional de Emergencia (CNE) dando reportes constantemente sobre la situación, a sus habitantes hablando en vivo y a su presidente al frente del CNE.

¿Por qué los medios de comunicación de Nicaragua se mostraron tan indiferentes ante el huracán Otto? ¿Son los periodistas de Costa Rica mejores que los de Nicaragua? ¿En Nicaragua no se cuenta con los medios tecnológicos necesarios para cubrir un evento de esa categoría? ¿Existe una estrategia en los medios de comunicación del país para informar en tiempo real sobre este tipo de acontecimientos? ¿La estrategia de comunicación oficial del gobierno de Nicaragua es la más adecuada para cubrir un fenómeno natural como el huracán Otto? 

Si las respuestas son negativas, los medios de comunicación del país deberían de emprender un análisis de situación que los ponga a la altura de los nuevos tiempos para que cumplan con sus principales objetivos: informar de forma veraz y oportuna al pueblo de Nicaragua.

viernes, 18 de noviembre de 2016

AZUCENA FLORES: DESEOS EN PENUMBRA

No es una confesión, no podría llamarlo de esa manera, pero yo, Azucena Flores, lo expreso en esta casa que abre su puerta esta noche para tenerte a mi lado.
   
Mi primera revelación llegó a edad temprana, a los doce años cumplidos. Nadie me lo dijo,  esa mañana no asistí a la escuela, me postré horrorizada en la cama de madera fina y colchón de resortes, imagínate como estaba cuando vi la línea de sangre escurriéndose en mis muslos, a lo largo de las piernas, pero el susto me pasó y, poco tiempo después, disfruté el cambio de mi cuerpo con caricias y juegos de niña.

No florecí como diosa, no, nada de eso, porque siempre he sido así como me conociste, ni alta ni baja, mi cuerpo, ¿cómo podría describírtelo?, es así completo para tú gusto, a tu medida; delgado, con estas curvitas en las que frenético te desplazas, con estos pechos, míralos, ya sé que te encantan aunque sean pequeños porque de mis pezones he saciado tu sed angustiosa de macho y sin reprimirme te he amamantado como si tu mamá no te hubiera dado de mamar tiernito, desesperándome al verte deseoso, con la sed de acariciarme las nalgas, sí, éstas nalgas carnosas de flaca que siempre has nalgueado cuando estoy desnuda, esperándote así como siempre lo he hecho en la sala, iluminada por una candela, como en este momento, con un short cortito, en camisola, sin brasier, con la punta de las nalgas descubiertas para que me las acaricies, para que me des esas palmadas con tus manos callosas, enloqueciéndome con el brillo de tus ojos.

Todos tus gustos los fui aprendiendo en cada encuentro, por las tardes y de noche, se fueron haciendo poco a poco parte necesaria del ritual por el que me rindo en tus brazos, elevándome entre las nubes cuando tu lengua loca me ensaliva el cuello y con tus manos apretujas mis pechos, pegándote a mi cuerpo con ese calor de macho en celo, desprendiendo ese olor encabritado que me derrite de deseos sin darme cuenta del momento en que me desnudas. Sos, y siempre has sido, la causa de mis excesos.

No me afrento de ello, al contrario, me siento la mujer más feliz del mundo, la más plena, soy la luna llena que surge radiante entre la penumbra de la noche para derretirme en el fuego de tus delicias. Y desnuda soy fiera salvaje, dueña de mi guarida, soy la que controla tus acciones, no me rindo, al contrario, me apropio de este juego milenario, soy la guardiana de todos tus pensamientos, secretos, tus deseos y miedos. No hago pausas, me dejo llevar por tu cuerpo libidinoso y allí, en ese instante, caes rendido en mis garras.

He aprendido de tus fantasías. No puedes reclamarme nada, ¿qué no he hecho por vos?, he sido todo lo que has querido: tu mujer, tu amante, tu puta como me decís cuando estás desesperado por tenerme. Y ese es el momento en que sos mi presa. Todos mis secretos de mujer los he compartido con vos. Te he dado lo que nunca te habías imaginado. Por vos me convertí en contorsionista, en serpiente laboriosa, has saboreado todos los fluidos de mi cuerpo y eso es lo que más me encanta.

No te rías, esa risa la conozco, ¡sí, es cierto!, al inicio no me gustaba, pero por vos aprendí a disfrutar mi cuerpo. Me mostraba recelosa cuando tus manos se apropiaban de mi cintura, abriéndome las piernas con la cabeza y tu lengua endemoniada acariciaba los labios carnosos de mi sexo que has chupado por más de treinta años, esa lengua tuya, indecente, serpenteando entre mis pliegues, embistiendo con fuerza mi silencio, lengua indecorosa que desgarra mi piel y, en ese jueguito, descubrí la gloria cuando tu boca apartó mis labios menores y se apropió de mi clítoris, manifestando el placer de mi sexualidad y la sensualidad plena de mujer.

Lo confieso, me hiciste sentir lo que nunca antes había experimentado, llegaste a mi vida iluminando la penumbra de mis deseos y, dueña de ellos, te convertí en esclavo de mis pasiones. Mi mayor anhelo siempre ha sido tenerte desnudo en mi cama, con esa mirada pérdida en el tiempo, ansioso que me adueñe de tu sexo, pidiéndome en silencio que deguste el néctar divino de tus entrañas. Y yo, obediente, me ahogo en tus deseos, atragantándome en el infinito de tu memoria, disfrutando el palpitar ardiente de tu sexo con ternura de niña huérfana para empaparme de tu savia al ritmo de nuestros cuerpos acoplados, en una danza sin fin por todos los espacios de la casa: el sofá, el comedor, la cocina, el piso, en la alfombra, en el baño y la cama, en la que aún duermo y ha sido testigo de todo lo que descubierto a tu lado. 

Llevo el orgullo grabado en la frente, no me arrepiento de nada. No me importa lo que murmuren a mis espaldas, ni lo que él piense, mi vida es mía así como mi cuerpo lo he consagrado a vos en silencio, he superado todas la barreras para alcanzar la dicha y he pagado el costo de ello. Ha sido un camino largo y doloroso, es el precio que pocas estamos dispuestas a pagar para salir de la penumbra de nuestros deseos.

Ronald Hill A.
18/11/2016

Foto: Sergio Orozco.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

DESAYUNANDO EN LOS COMEDORES DEL MERCADO DE BLUEFIELDS


Subo las escaleras mojadas que llevan al segundo piso del mercado municipal de Bluefields. Dos cubetas se rebalsan, obstruyen el paso y el agua se chorrea en todo el acceso hasta inundar la acera y la cuneta. Entro a la sección de los comedores por segunda ocasión en busca de una taza de café y tortillas de harina cubiertas con mantequilla para desayunar. Me dirijo al mismo comedor donde atiende una mujer de ojos almendrados, cabello liso recogido en una moña y orgullosa de sus caderas. Me sonríe, quizás recuerda que la primera vez me di cuenta que no andaba la billetera hasta después de desayunar, y cuando se lo dije mostró su bella dentadura de oro. “No le creo”, contestó. Se lo expliqué, aceptó mi propuesta y cinco minutos después regresé a pagarle.

En esta ocasión, una mujer joven se encuentra con ella. “Debe ser su hija”, pienso porque es bastante parecida a ella; tiene la misma mirada, la misma forma de su cara, el mismo cuerpo pero más animoso. Ella atiende y me ofrece gallopinto con cerdo frito además de las tortillas de harina y café.  Las expresiones de su rostro son las mismas que las de la chavala, pero muestra un poco de decepción cuando le digo que quiero lo mismo de la vez anterior. “No señor, usted debe desayunar mejor”, dice y se dirige a la cocina.

La chavala se acerca, me sirve la taza de café y dos mujeres le hablan con un tono violento desde el lado de las barandas. La chavala busca a la mujer que regresa y me sirve el plato de comida. Observo el plato generosamente servido y la mujer va al encuentro de las que casi gritan. Discuten entre ellas, la chavala sale de la cocina con un enorme cuchillo que brilla en sus manos y va en defensa de la mujer. El vigilante se antepone entre ellas, la mujer regresa a la cocina, toma un cuchillo, su rostro se ha transfigurado por el odio. A la chavala y las otras dos mujeres ya no las puedo ver, la pared del pasillo no me lo permite, sólo escucho los gritos. El plato servido me ha abierto el apetito, doy un bocado, el cerdo está delicioso pero me tiemblan las manos.

Las mujeres de los otros comedores corren hacia el lado del pasillo. Es una pelea de gritos,  de jaladera de mechas, de hijueputazos. Cuatro policías llegan, entre ellos una mujer. Alguien los ha llamado por teléfono. El escándalo se calma y la mujer con la chavala regresan a su cocina. Tienen sus rostros enrojecidos, están desesperadas, rabiosas. Los policías invaden el comedor. La mujer comienza a vociferar en contra de otra dueña de comedor: “¡es ella!, ¡la desgraciada siempre nos hace lo mismo!, ¡llama a esas pandilleras hijas de puta para que nos hagan la vida imposible!, ¡ella quiere acaparar todos los tramos!”, dice a gritos.

La mujer policía habla con las dos mujeres. Ella vuelve su mirada hacia mí. Desde que me senté no me he movido. “Tiene que ir a poner la denuncia”, dice la policía. Anota en una hoja de papel sus datos y los cuatro se dirigen al tramo de la otra mujer, de la acusada de provocar el pleito. Ella se acerca a la mesa. “Que pena me da”,… “ya no aguanto esta situación”,… “yo estoy trabajando, ganándome la vida”,… “estas desgraciadas”. “Vaya a poner la denuncia”, le digo.

Una mujer con trenzas de rasta se acerca a ella y conversan. “Usted es testigo”, me dice. “Todas aquí nos hemos quejado, un solo CPF no puede mantener el orden, ya te lo hemos dicho varias veces”, le dice a la mujer de trenzas. Me fijo en sus ojos, son vivos, color de miel. “Ya se lo he dicho a la alcaldesa”,… “le he enviado varios memorándum”,… “no quiere gastar en otro”. “Pero usted es la superintendente”, responde la mujer,… “esto no puede seguir así”. “Ay niña, ya estoy cansada de pedirlo, no me hacen caso”, responde la superintendente y se aleja. Mientras ellas conversan he saboreado con la intensidad del ambiente el cerdo frito, de hecho está delicioso.

Le pido la cuenta. Cancelo lo que me dice. Miro el reloj y son las ocho de la mañana. “Muy temprano para viajar a El Bluff”, pienso. “Cuénteme cómo es que prepara el cerdo frito”, le digo. Sonríe, su semblante ha cambiado y la chavala lava los platos con calma. Bajo nuevamente las escaleras mojadas, me sostengo de los pasamanos. “Si todo pudiera cambiar, si la seguridad mejorara, si la alcaldesa comiera de vez en cuando en los comedores del mercado tal vez un día la situación de las mujeres y sus clientes será mejor”, pienso al pasar al lado de las mujeres que venden mariscos en la cuneta de la calle que te lleva hacia centro de la ciudad.

Miércoles, 2 de noviembre de 2016.

miércoles, 26 de octubre de 2016

HIJO DEL TIEMPO Y ARENA


Mar fue mi primer palabra,
después de mamá.
Crecí con nombres marinos
en la lengua: oleaje,
pelícano, macarela, estrellas, huracán;
el sonido de sus nombres,
nativos como yo.

Caminé descalzo por la playa del Tortuguero
con mi padre, donde un estrecho
arenoso me aferra a Nicaribe,
perdiendo la vista en la mar azul
donde las redes de pescadores
acompañan cantos de esperanza.

En el mapa una flecha roja dice
estás aquí; en el faro,
al pie del acantilado,
entre rocas azules donde los jóvenes
perforan corazones entrelazados con sus nombres.
Estás aquí; entre la brisa marina,
donde la historia es una capa fina de arena
que el viento desaparece si no la atrapas.

El mar tiene una lengua antigua,
su voz se expresa en distintos dialectos;
al explotar las olas en los troncos,
en las piedras, en la arena, en los barcos.
La línea de playa tiene dolor
en la médula de sus huesos.
Su cuerpo recuerda
cicatrices de exterminio,
como las familias que sufren
al ver marchar a sus hijos,
arrancados de sus raíces por la pobreza.

Y alguien sobrevivió para recordar,
más allá del peso de los barcos sarrosos,
y de miles de manos cortándolos con
profundas huellas de dolor.
Alguien sobrevivió para contar la historia
de esta tristeza, abandonando el mar,
su playa, sus casas, sus familias,
orando junto a su moribunda abuela,
enterrada junto a árboles que no volvieron a florecer,
donde la bahía lloró al zarpar,
donde el río cubrió su alma con neblina al pasar,
donde un niño creció preguntando para guardarlo
en la memoria, para tejer  historias de viajes,
de viejas costumbres, de la vida de día, los cantos
y tradiciones de noche.

Estás aquí, dice la flecha roja,
donde la línea del mar y la playa se tejen.
Crucé la montaña, navegué el río,
hasta que se me olvidó mi nombre.
Y vine aquí, al mar azul,
a recordar la alegría más antigua que se,
bañarme en la playa desnudo,
acompañado por el oleaje, algas,
el canto de aves marinas.
Estar vivo, y la playa diciendo:
estás aquí, has vuelto,
hijo del tiempo y arena.

Ronald Hill A.


domingo, 23 de octubre de 2016

DISFRUTA DE LA PLAYA DE EL BLUFF



Indiscutiblemente, el principal atractivo de El Bluff es su playa, la playa del Tortuguero, llamada en estos tiempos “Bluff Beach”. Para llegar a “El Paraíso”, así le llaman las nuevas generaciones de Blofeños, se debe tomar una panga en Bluefields, y luego de unos 15 minutos de travesía, en los que se aprecian los cayos de la bahía, pescadores nativos en sus cayucos de vela, aves marinas, pasajeros que viajan a Bluefields dándote saludos, barcos que cruzan el canal en la parte norte de la bahía de Bluefields en dirección al Río Escondido y otros saliendo por la barra hacia el Mar Caribe, los chamberos te esperan en el muelle de las pangas, entre ellos Wesley y Pelé.

Allí mismo, a un lado del muelle, puedes tomar una moto-taxi o “caponera” para trasladarte hasta la playa al precio de veinte córdobas por persona. Si no tenés prisa, si quieres conocer El Bluff, hay solamente dos rutas a tomar.

A la izquierda del muelle, a unos diez metros, hay una subida que te lleva al antiguo andén del puerto. Al caminar vas a ver una malla metálica que bloquea todo el sector de la aduana así como los vestigios de casas que fueron bellas hace muchos años y que el huracán Juana dejó en ruinas, pero con la ayuda de Hábitat para la Humanidad las familias lograron reconstruirlas parcialmente. En el trayecto vas a encontrar la Capitanía del Puerto y frente a ella un portón clausurado que prohíbe el paso hacia el muelle de la aduana. Al llegar al acceso que da a las oficinas de la aduana, vas a ver a la derecha unas gradas que antes podías tomarlas para subir al parque de la loma de El Bluff donde vivió por muchos años el coronel Alejandro Peters, pero hoy se encuentran bloqueadas con láminas de zinc que no permiten el acceso. Un poco más en el trayecto vas a ver a tu izquierda el cuartel de los guardias, hoy llamado base naval de El Bluff, y un portón metálico resguardado por guardias nerviosos que bloquean el paso. No te detengas y sigue caminando. Vas a llegar a un punto desde el cual la playa del El Bluff te da la bienvenida en la distancia, ese punto en que te encuentras y la ves de frente, es la esquina de Miss Lilian, llamada así en los tiempos gloriosos de El Bluff. Debes seguir caminando y llegaras a la iglesia Morava y, unos metros más hacia adelante, a la capilla de la iglesia católica. Allí, en frente de la iglesia está el colegio, y detrás el cementerio. Si sigues la bajada no muy marcada vas a ver el parque de El Bluff, propiamente donde antes se jugaba béisbol y futbol. En ese sector siempre hay moto-taxis y, si quieres ir más allá de ese punto, puedes hacer un tour por los diferentes sectores que conforman el pueblo.

La otra vía para llegar a la playa es tomando directamente una moto-taxi para que te traslade, pero también puedes tomar una panga y arreglar el traslado hasta el muelle de la playa. Muchas personas que quieren ir directamente desde Bluefields alquilan una panga, es decir, pagan el viaje expreso ida y vuelta con lo que se evitan la desesperación de esperar que los pangueros llenen la panga de pasajeros. Si vas con un grupo te recomiendo esta última opción que cuesta 40 dólares el viaje redondo, evitándote estar pendiente de la panga para que te traslade de regreso a Bluefields.

La playa de El Bluff es prácticamente virgen, en el sentido que no existen construcciones que alteran el paisaje. Vas a encontrar varios ranchos, pero solamente funciona uno todos los días de la semana. ¿Por qué? Por varias razones.

La playa de El Bluff como destino turístico solamente es promovida por las autoridades municipales e INTUR para la época semana santa. Los habitantes de Bluefields son poco asiduos en disfrutar del mar, aún cuando lo tienen frente a la bahía, y se convierten en playeros para la época navidad y año nuevo. En esas épocas del año, la mayor parte de los visitantes se traslada con sus alimentos y bebidas lo que provoca un bajo nivel de consumo de los productos que ofertan los dueños de los ranchos (comida, cervezas, gaseosas, agua embotellada y ron), reduciendo el ingreso local.

Los dueños de los ranchos también tienen limitantes que deben superar, como disponer de servicios sanitarios y agua potable permanente, aspectos vitales a los que todo el visitante debe acceder de manera permanente.

La escasa actividad turística mantiene desmotivados a los dueños de los ranchos y sus problemas se vuelven cíclicos. Cada quien mira por sus intereses y se preocupan por estar activos en las épocas del año antes mencionadas. Sin unidad no conseguirán superar sus problemas. Entre todos podrían crear una oferta de servicios más estable, gestionar promoción permanente frente a las autoridades, adquirir una o dos pangas para el traslado de los clientes desde o hacia Bluefields y hacer publicidad de sus servicios.

Con el tránsito permanente de vehículos en la carretera de Nueva Guinea a Bluefields, se abre una ventana de oportunidades para hacer realidad el turismo de playa en El Bluff. Pero mientras llega ese momento, me tomo la libertad de recomendar a mi amigo Javier Benavidez, el único que se mantiene 365 días del año prestando atención en un rancho de la playa.

Si en tus planes está contemplado disfrutar de la playa, aquí te dejo su número de teléfono, 8361431, para que lo llames. Estoy seguro que vas a pasar un día ameno y tranquilo disfrutando del Mar Caribe y él te pude platicar sobre la historia de El Bluff.

Domingo, 23 de octubre de 2016

viernes, 14 de octubre de 2016

EL UMBRAL DEL RESENTIMIENTO



Esperó que todos durmieran.
Abrió la puerta, vio las calles:
oscuras y desoladas.
Recorrió la pista de aterrizaje.
Cruzó el claro, disfrutó la brisa:
tez y alma.
Rompió el umbral del resentimiento.
En una hamaca, él la esperaba:
complicidad y ternura.
Lluvia en el techo estallaba.
Desnudó su cuerpo, abandonó sus penas:
ardor y canto.
Regresó en la madrugada.
Cerró la puerta, el silencio esperaba:
aborrecimiento y abandono.
Durmió anhelando otra noche.

martes, 11 de octubre de 2016

TU VOZ ES NUESTRA VOZ: SUELTA LA LENGUA



La era cavernaria sigue su curso y ahora da con el garrote en Bluefields, sede de la Región Autónoma del Caribe Sur y cuna de la Autonomía, el proyecto más hermoso y el único que es real y orgullo de Nicaragua a pesar de sus errores, conflictos y desafíos. Y lo hace con el peso de los poderosos, los mismos que se auto proclaman defensores del proceso autonómico, ese proceso que convoca a los pueblos de la Regiones Autónomas a vivir en armonía, a hacer propia su libertad, a vivir la unidad en la diversidad.

El poder ha cubierto con su manto oscuro la libertad de expresión en Bluefields. El noticiero Hoy, conducido en viva voz de la periodista Yolidia Navas, conocida popularmente como “La Che”, fue cerrado, expulsado de Radio Zinica, una radio para-oficial. El noticiero Hoy se transmitía los días de semana, de lunes a viernes, en horario de 6:15 a 7:00 a.m. Su línea de difusión principal era otorgarle voz a los sin voz, abrir los micrófonos a las personas de las diferentes comunidades de la Región para hacer denuncias sobre los diferentes acontecimientos y realidades que los afectaban. Además cubría sucesos de diversa índole en Bluefields, desde conflictos vecinales hasta denuncias contra las autoridades municipales, regionales, partidarias y los actos de corrupción que han cubierto con su miasma a la ciudad de los campos azules.

Mis amigos y amigas periodistas de la ciudad de Bluefields han dado sus muestras de solidaridad con “La Che”, valiéndose de las redes sociales para manifestarse, incluso algunos dueños de medios radiales le han abierto sus puertas para que continúe con su labor de información, denunciando a los poderosos que violan la ley, y continúan cometiendo arbitrariedades en contra de los pueblos del Caribe Sur.

Desde este espacio, Sueños del Caribe, me solidarizo con Yolidia, con “La Che”, y usando a Orishas te "digo que sueltes la lengua, esa lengüita de trapo, que te arranques de la boca el maldito esparadrapo".

En el mes de la Autonomía no se asesina la libertad de expresión, mucho menos en un aniversario más de la ciudad de Bluefields. ¡Viva la libertad de expresión!

Nueva Guinea, RACS

Martes, 11 de octubre de 2016