domingo, 4 de febrero de 2024

LAS ESTRELLAS DE EL BLUFF

 


El Bluff,

el lugar donde las estrellas

cuelgan tan bajo que puedes tocarlas,

tan bajo que acarician tu alma

con su luz infinita.

Debajo de su mirada celestial,

la tierra se levanta para mezclarse

con ellas y la mar.

 

Después del mediodía,

en la pendiente que lleva al faro,

más allá de la antigua pista,

bordeando matorrales verdes,

una pareja de misquitos

caminan aferrados a sus manos.

La pasión, ojos brillantes y labios ardientes,

los descubren como tesoro sin ser visto.

 

Al atardecer,

cuando el cielo es un lienzo de naranja y chocolate,

 un guerrero melancólico,

y una doncella milenaria,

danzan bajo las estrellas de El Bluff.

Cuelgan tan bajo,

tan bajo, que purifican el alma

con su presencia.

 


4 de febrero de 2024.

Foto: José Juan López Lafuente

Nota: apague la luz y disfrute las estrellas.


miércoles, 31 de enero de 2024

UN POEMA CON PALOS EN LLAMAS

 


Como una estrella de mar con volcanes de arena

que lleva entre los tubérculos de su espalda.

Como hilachas de algas marinas ondeando conta la corriente

sobre un coral de abanico en el fondo del mar.

Como una mantarraya nadando a sus anchas,

con peces que limpian su piel a cambio de protección.

Como la damisela que aletea alegre y nerviosa,

mirando constantemente su reflejo en la inmensidad de una pecera.

Como una tortuga Carey desovando entre cocoteros

en la playa de arena blanca de los Cayos Perlas.

Como la cola de golondrina alimentándose de zooplancton

en estado de alerta entre laderas del banco de coral.

Como amante enamorada que espera ansiosa en el muelle

al marinero que carga un bolso de ilusiones pintadas de azul.

Como mujer solitaria a la vista de otros que llora y canta

de alegría para llenarse de coraje y reírle a la vida.

Ella que no tiene casa, ¿Dónde está la casa que no tiene?

En su hoguera, ¡está ardiendo, está ardiendo!

Frente al fuego, ella escribe un poema con palos en llamas que comienza así:

Como una estrella de mar …

 

25 de Enero de 2024

Foto: Internet.

martes, 23 de enero de 2024

¡HASTA LA VISTA, BABY!

 



Ella se fue, mas pervive en cada rincón,

en el café matinal, en nuestro diálogo común.

Sueños compartidos, risa amanecida.

En la mirada, su presencia aún florecida.

 

Puky gira, buscando su compañía.

Silencio brutal, pero en mi mente ella guía.

Diálogo lleno de recuerdos, palabras repetidas,

"¡Ya van tres!", eco que no se olvida.

 

Su risa, corre corre, eco telefónico,

en la oficina, su voz, un lazo simbólico.

Regaño a los perros, pasos en corredores.

Sombra y luz, su esencia en todos los colores.

 

En su ausencia, llena el vacío con fuerza.

La dicha de ser parte de ella, mi fortaleza.

Decidida, con mirada al futuro, camina,

entre estatuas grises, ¡hasta la vista, baby!, se encamina.



23 de Enero de 2023.

Foto: Internet


domingo, 14 de enero de 2024

VIVIMOS INMERSOS EN HISTORIAS

 


Platón creía que somos presos de nuestra propia visión del mundo, como los personajes lo son de su propia historia. Es innegable que pasamos un alto porcentaje de nuestras noches y días escuchando, leyendo, atendiendo y formulando historias. Y lo hacemos mucho más de lo que nos damos cuenta.

Primero están las narraciones que nos brinda la literatura; aunque nos quejemos que se lee poco y mal, la mayoría de las personas que saben leer y escribir han aprovechado esta capacidad para consumir crónicas, cuentos y novelas.

Luego, debemos mencionar las formas más importantes de consumo narrativo que han desplazado a la lectura: el cine y la televisión. Estas industrias están entre las más grandes del mundo, porque deseamos y necesitamos que nos cuenten historias. Así que sumemos al tiempo de nuestras lecturas el tiempo que pasamos en el cine, más el que pasamos consumiendo series o películas frente a cualquier pantalla y, por supuesto, en las redes sociales.

También hay que añadir que nuestra conversación sería imposible sin escuchar y contar historias. Casi cada vez que empezamos a platicar con alguien los hacemos invitándolo a contar una pequeña historia. “¿Cómo estás?”, “¿Cómo te fue?”, “¿Qué pasó con…?”. Todos los días formulamos preguntas de este tipo, que los demás responden con frases hechas o, si hay tiempo y confianza, pequeñas historias casi siempre provisionales o inacabadas, puesto que siguen sucediendo. Desde luego, con frecuencia similar son los demás los que nos hacen preguntas y nosotros quienes las respondemos. La buena conversación está hecha de historias y de reciprocidades.

Además, está el tiempo que dedicamos noche tras noche a nuestros sueños (aunque, en sentido estricto los sueños no tienen secuencia narrativa, pero es al recordarlos cuando les damos temporalidad). Pero ya sea al soñar o al evocar nuestros sueños, todos somos dramaturgos de nuestros anhelos y nuestros temores. Nos soñamos como si no fuéramos nosotros quienes soñamos, sino una tercera persona: nos vemos desde afuera, con una perspectiva imposible en la vigilia, como si nos miráramos a través de una cámara emplazada a metros de distancia, o como lo haría un autor escribiendo en tercera persona. Todos, hasta las personas menos dotadas de imaginación y vocación literaria, somos visitados cada noche por las musas. Mientras el cuerpo descansa, nuestra inteligencia se embarca al turbulento mar de la inconsciencia, en el que nuestra experiencia se combina, se recrea y se decanta; cuando arriba al puerto de la consciencia, podemos contar nuestros sueños como historias.

Todavía nos falta añadir otro tipo de historias a las que dedicamos más tiempo que a todas las demás: casi ocho horas diarias, según algunos estudios. Me refiero a las cavilaciones o ensoñaciones diurnas; a esos pasajeros estados mentales en los que nos imaginamos lo que podría suceder si hiciéramos tal cosa o si nos pasara tal otra. Especulamos casi sin descanso acerca de circunstancias hipotéticas a las que podríamos tener que enfrentarnos, mismas que ensayamos en nuestro efímero teatro mental. Deseos, temores, esperanzas, preocupaciones, posibilidades, sueños tontos, se escenifican una y otra vez, así sea fugazmente, en nuestra mente. Cada una de estas ensoñaciones diurnas dura en promedio 14 segundos. Parece poco, pero tenemos cerca de 2,000 diarias; de ahí que equivalgan más o menos a una jornada laboral.

No hay duda: pasamos una gran parte de nuestro tiempo inmersos en historias.

 

14 de enero de 2024 (un día antes de comenzar el año, pero esa es otra historia).

Fuente: Boullosa, Pablo. El corazón es un resorte: Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación.

Foto: Internet.


martes, 9 de enero de 2024

UN HOMBRE SOLITARIO

 




En la soledad del hombre, su amada se ha ido,

a tierras lejanas, dejando un vacío escondido.

Día a día, sus nietos y sobrinos lo acompañan,

a veces presentes, a veces en la distancia que empañan.

 

En el patio, entre la niebla revisa las plantas de quequisque,

corta cocos y naranjas con manos que buscan alivio.

Habla con las hojas, les confiesa su amor ausente,

abraza un árbol como si fuera la presencia que él siente.

 

Mira al cielo, suspira, lágrimas recorren su piel,

un eco de tristeza, un susurro del laurel.

De un lado a otro, camina sin descanso,

grita el nombre de ella, su eterno encanto.

 

Piedras lanza al zanate, maldiciones en el aire,

enfrenta la naturaleza, a su modo, sin temor a desaires.

Canta el gallo, desafiante en su alboroto,

el hombre grita su lamento, su desahogo.

 

Al atardecer, chavalos corren alrededor de su morada,

él les grita con furia, una mezcla de pena guardada.

"Dejen de joder", resuena en el viento,

sinfonía de soledad, en su triste lamento.

 

15 de diciembre 2023.

Foto: Internet..

miércoles, 3 de enero de 2024

LO MEJOR Y LO MÁS LEÍDO DEL AÑO 2023

 



1. Lo mejor (según mi perspectiva) y menos leído:

 

1.     De qué hablamos cuando hablamos de la muerte.

2.      Mujer del pasado.

3.      La playa de los recuerdos.

4.      Atrapando el futuro.

5.      En la piscina de la colina.

6.      En el corazón de la isla del mar.

7.      Fragmentos y astillas.

 8.  Érase una vez en Nueva Guinea.


2. Lo más leído (Muchas gracias):

 

1.      A mis nietos.

2.      Un lugar lodoso con olor a pólvora.

3.      Reynaldo y su carretón.

4.      Mayo venga ya.

5.      Cuando éramos chavalos.

6.      El litoral de la Costa Caribe de Nicaragua.

7.      Desde el mostrador de una ferretería.

 

3. El Archivo 2023: Pueden visitarlo.

En el blog se encuentran archivados los 39 post realizados en el año 2023, entre cuentos, poemas y crónicas.

 

Feliz 2024

 03/02/2024

sábado, 30 de diciembre de 2023

CANCIÓN DE AÑORANZAS

 




Un cuadro pintado con las palabras, donde la grama y el Cortez desvanecen sus colores,

¿Dónde han ido? ¿Qué misterioso ladrón los ha llevado?

Siempre bailaron en la puesta de sol y al despertar,

Incluso cuando la tierra se agrietaba y anhelaba lluvia,

sus matices y danzas al viento eran faros de esperanza.

 

Ahora, un viento frío acaricia el rostro,

el cielo gris opaca la luz solar,

pero internamente, su fulgor espiritual persiste.

Con el tiempo, las cejas vestirán tonos de gris azulado,

y la mirada suave los acogerá con alegría.

 

 

30 de diciembre de 2023

Foto: Internet

lunes, 25 de diciembre de 2023

UN SUEÑO DE NAVIDAD


José, un niño campesino, vivía con sus padres en una pequeña finca. Su vida era sencilla y tranquila, dedicada al cuidado de los animales y las plantas. Nunca había salido de su comarca ni había visto las luces y los adornos de la ciudad. Lo único que sabía de la Navidad era lo que le contaban sus padres y lo que escuchaba en la radio.

Un día, su madre le dio una noticia que lo llenó de emoción: sus tíos los habían invitado a pasar la Nochebuena en La Fonseca, una colonia cercana donde había una capilla católica con un árbol de Navidad. No podía creerlo, iba a ver por primera vez un árbol de Navidad, ese símbolo mágico que tanto le fascinaba. Le preguntó a su madre cómo era el árbol, y ella le dijo que era grande y verde, con muchas luces de colores, bolas brillantes y una estrella en la punta. Se imaginó el árbol como un gigante luminoso que destellaba la noche con su resplandor.

Esperó con ansias el día en que vería el árbol de Navidad. Contaba los días en el calendario y cada noche soñaba con el árbol. Le pedía a su padre que le contara historias sobre La Fonseca, y él le decía que era un lugar muy bonito, con gente amable y trabajadora, que celebraba la Navidad con mucha alegría y fe, después de terminada la guerra que asoló todas las comunidades de Nueva Guinea. Le dijo que sus tíos los recibirían con mucho cariño, y que les prepararían una cena deliciosa, con gallinas rellenas, nacatamales y pasteles. José se relamía los labios al pensar en la comida, pero lo que más le interesaba era el árbol.

Por fin llegó el día esperado. José se levantó temprano, se vistió con su mejor ropa, y ayudó a sus padres a empacar las cosas. Los tres montaron a caballo y emprendieron el viaje a La Fonseca. El camino era largo y lodoso, pero José no se aburría. Miraba con curiosidad el paisaje, los árboles, los pájaros, las quebradas, los cerros y a las personas que se encontraban en la travesía. Le parecía que todo era nuevo y diferente. Les preguntaba a sus padres sobre todo lo que veía, y ellos le respondían con paciencia y amor.

Después de seis horas de viaje, llegaron a La Fonseca. Se sorprendió al ver la colonia, que era más grande y bonita de lo que se había imaginado. Había muchas casas de concreto, todas pintadas en colores atractivos, con techos de zinc, rodeadas de jardines y árboles frutales. También había una escuela pintada en azul y blanco, una cancha de fútbol, un campo de béisbol, varias tiendas y una iglesia.

Vio a muchos niños jugando y corriendo, y sintió ganas de unirse a ellos. Pero lo que más le llamó la atención fue la capilla católica, que estaba al final de la calle principal. Era una construcción blanca y sencilla, con una cruz en la fachada y un campanario. José se fijó en que había una ventana grande en el frente, y a través de ella se veía algo que le hizo latir el corazón: el árbol de Navidad.

Sus tíos los estaban esperando en la puerta de su casa, que quedaba cerca de la capilla. Los saludaron con abrazos y besos, y los invitaron a pasar. Se sintió acogido por la familia de sus padres, que lo trataron con mucho afecto. Le presentaron a sus primos, que eran de su edad, y le ofrecieron juguetes y dulces. Se divirtió con ellos, pero no podía dejar de mirar hacia la capilla, donde el árbol de Navidad lo esperaba.

Cuando se hizo de noche, sus tíos los llevaron a la capilla, donde se celebraba la misa de gallo. Entró con emoción, y se quedó maravillado al ver el árbol de Navidad. Era tal como se lo había imaginado, pero más hermoso y majestuoso. Estaba lleno de luces que parpadeaban en armonía, de bolas que reflejaban los colores del arco iris, y de una estrella que brillaba con intensidad. Se acercó al árbol, lo tocó con delicadeza. Sintió su textura suave y fresca, y su aroma agradable y dulce. Se quedó hipnotizado por el árbol, y se olvidó de todo lo demás.

Sus padres lo observaban con una sonrisa, y se sintieron felices de verlo feliz. Le tomaron una foto junto al árbol, y se la guardaron como un recuerdo. Luego, lo llevaron a sentarse con ellos, y escucharon la misa con devoción. José también prestó atención a las palabras del sacerdote, que hablaba del nacimiento de Jesús, el niño Dios que había venido al mundo para traer la paz y el amor. José pensó que ese era el verdadero sentido de la Navidad, y le dio gracias a Dios por haberle dado la oportunidad de ver el árbol de Navidad y de compartir con su familia.

Después de la misa, regresaron a la casa de sus tíos, donde los esperaba la cena. Comieron con gusto y brindaron por la Navidad. Se sintió satisfecho y contento, y se acostó en una hamaca con sus primos. Antes de dormirse, miró por la ventana y vio el árbol de Navidad, que seguía iluminando la noche con su resplandor. Cerró los ojos y se durmió con una sonrisa. Había cumplido su sueño de Navidad

José se convirtió en diácono. Su formación espiritual, humana, pastoral e intelectual se desarrolló con los sacerdotes de la parroquia de Nueva Guinea y en el seminario de Bluefields. Cuarenta años después de haber cumplido su sueño, es el encargado de una capilla en una comunidad del Caribe Sur y de arreglar con devoción el árbol que tanta ilusión sigue dándole. Cada año, recuerda con nostalgia y gratitud aquella noche en que vio por primera vez el árbol de Navidad y cómo ese momento cambió su vida. José siente que Dios lo llamó a servir a su pueblo, y que el árbol de Navidad es un signo de su presencia y su amor.

Comparte su fe y su alegría con los demás y le cuenta su historia a los niños que se acercan a ver el árbol. Es feliz y espera con esperanza el día en que la luz del árbol permanezca para siempre en los corazones de los hombres y mujeres, logrando la paz y el amor que tanto anhelan.

 

20 de diciembre 2023.

Nueva Guinea, RACCS.

Foto: Internet